Raimundo Fitero
DE REOJO

Infecciones

Les juro que yo hacía gimnasia bajo un cartel que proclamaba: “Es incompatible la palabra soez con la cultura física”. En estos momentos la cultura física, el culto al cuerpo, el deporte como expresión del triunfo es algo que está no solamente expresado con muchas palabras soeces, sino que sufre infecciones mortales de corrupción, de ambiciones que nada tienen que ver con los principios básicos de moverse, de competir, de divertirse o de superarse.

No soy capaz de escapar a este relato televisivo: en un juzgado de Palma de Mallorca un campeón de balonmano emparentado con los Borbones se sienta para explicar todo lo que robó o despistó en nombre del deporte y de lo que ello lleva adherido para promocionar una ciudad, para enaltecer un país, para manipular a los pueblos. Hay corrupción en las apuestas de tenis. En la anterior guerra fría, el dopaje se institucionalizó para superar al contrario.

Ahora mismo, hoy, dos asuntos vomitivos: se está eligiendo al nuevo presidente de la FIFA y uno de las candidatos, el jeque de Bahréin, Salman Al Khalifa, que parece ser el favorito, está denunciado por denunciar, torturar y ejecutar a deportistas que en las primaveras árabes se significaron pidiendo libertad. Tiene dinero para acallar conciencias.

En el otro polo, el ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, es llamado a declarar como imputado sobre un dúplex de cuatrocientos metros cuadrados que parece fruto de actos de corrupción. Junto a él va un presidente de club de fútbol, Enrique Cerezo, del Atlético de Madrid, que es constructor, y para completar el cuadro a este individuo que se dice productor de cine, TVE le ha comprado todo su archivo de películas españolas por unos cientos de millones de euros. Todo cuadra. Infecciones sin antídotos ni vacuna.