El deber es no pagar
El título de este papel consiste en un juego de palabras con que un viejo maestro mío despreciaba la retórica de los grandes principios. «Hay que simplificar el verbo, hijo» –me advertía aquel buen hombre– cuando mi «yo» juvenil echaba mano de palabras celestiales, como el tan socorrido «deber», por poner un ejemplo. «Tú haz las cosas que te piden –añadía– sin remontarte a solemnidades».
Era un viejo catalán del Empordá.
Le reavivé en mi memoria cuando escuché en la radio al Sr. Sánchez decir que su programa para el pacto que ha acordado con los de Ciudadanos (C’s) respondía a la voluntad de «sumar y no de restar»; «de buscar lo que nos une», «de abrir un nuevo tiempo político en España».
¿Y que hay de lo mío?, me pregunté en conciencia.
Cuando faltaban horas para lo de Franco en el 36 y todo el mundo procuraba no decir ni palabra que pudiera comprometerle, un maño sentado en la Plaza del Pilar de Zaragoza leía “El Heraldo de Aragón”, cuyo lema subtitular decía: «El periódico más leído de Aragón. Independiente».
El maño sacudió la cabeza con preocupación y dijo simplemente: «Ya empezamos…».
Que es lo que dije yo al leer lo del Sr. Sánchez.

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