Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «La habitación»

La extraordinaria adaptación al medio del ser humano

Lenny Abrahamson pasa a liderar con “Room” el buen momento que vive el cine irlandés, llamando ya a las puertas de los Óscar. Después de la extraña y minoritaria “Frank” (2014), consigue atrapar al gran público con una propuesta no menos arriesgada, pero de una intensidad emocional e intelectual nunca antes vista en una película sobre secuestros, subgénero que iba ya camino de convertirse en el recurso manido de todos aquellos cineastas con pocos medios y un único escenario en el que rodar.

De las dos horas que dura el quinto largometraje de Abrahamson solamente transcurren en la habitación del título tres cuartos exactos de hora, mientras que dedica quince escasos minutos a los instantes claves de la huida, dejando la hora final para la necesaria asimilación de esa primera parte tan intensa e impactante.

El tipo de reflexión que genera al final es muy abierto y se presta a mil y una interpretaciones, pero el apasionante diálogo que establece entre cautiverio y libertad da lugar a una muy ilustrativa metáfora sobre el mundo actual. Viene a decir que el ser humano siempre se adapta al medio cambiante, y hoy en día le toca discernir entre la realidad física y la virtual sin volverse loco. La madre entiende esto a la perfección de un modo instintivo, logrando críar a su hijo entre las cuatro paredes del zulo en el que se hallan secuestrados. No hay ventanas, por lo que la concepción del mundo exterior se limita para el pequeño de cinco años a la información engañosa de un aparato de televisión, sin posiblidad de termino medio, ya que la claraboya del techo le hace soñar con otros planetas más lejanos.

El niño sobrevive, y una vez fuera ha de resetear su cerebro para volver a empezar en un nuevo entorno desconocido, lo que también parece conseguir gracias a su enorme capacidad de aprendizaje; no así la madre a la que le cuesta una crisis vital enfrentarse a los mass-media.