Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El amor es más fuerte que las bombas»

Silencios y contrapuntos

A modo de chiste fácil se suele decir que con un Trier en el planeta bastaba y sobraba para adentrarnos en la trastienda oscura de la condición humana. Dejando a un lado las disquisiciones aportadas por el enloquecido y divino danés Lars Von trier, el noruego Joachim Trier no resulta tan apabullante ni descoranozador en sus intenciones pero sí pone de manifiesto en su discurso una intencionalidad manifiesta por sacar a la luz la doble moral y los lados más oscuros de la condición humana a través de un estilo que, como en el caso del danés, a veces resulta tan pretencioso como petulante. Otro dato a tener en cuenta es la manía de muchos críticos que señalan al noruego Trier como un perfecto diseccionador de la sociedad del llamado primer mundo aunque a veces se tienda a creer que ese modelo de perfección europea u occidental reside en esos recónditos paisajes nórdicos que a mí, personalmente, me sobrecogen socialmente. Tras su brillante debut con “Reprise” y en la no menos aplaudida “Oslo, 31 de agosto”, Trier se ha puesto bravo en su primera propuesta hablada en inglés y ha escenificado las constantes –magnificadas– de sus dos proyectos anteriores a la hora de narrar el progreesivo deterioro que padece una familia de ambiente culto. Esta excusa, padre intérprete retiraro, madre fotógrafa de culto, un hijo doctorado en sociología y fracasado en su rol de padre y otro hijo atrapado en su propio universo conforman los mimbres de una “Familia Monster” abocada a la catarsis existencial. El excesivo abuso de la abstracción y el toque autoril de varias secuencias ralentizadas hasta la exasperación, son clichés innecesarios dentro de una obra que incluye algunos apuntes muy interesante.  En su empeño por subrayar lo evidente, Trier ha confiado uno de los roles protagonistas a una Isabelle Huppert demasiado identificada con este modelo cinematográfico emocionalmente extremo.