Jaime Gonzalo desmenuza el vecinazgo fascista con la cultura pop en «Mercancía del horror»
El escritor bilbaino, afincado en Barcelona, Jaime Gonzalo, desmenuza con su acostumbrado rigor el flirteo de la cultura pop con el fascismo y el nazismo en «Mercancía del horror», editado por Libros Crudos.

Jaime Gonzalo, bilbaino nacido en 1957, formado en Barcelona, firma de publicaciones como Popular 1, Rock Espezial, Rockde lux, Ruta 66..., lleva unos cuantos años ligado a la editorial de Leioa Libros Crudos. Entre ambos han puesto en circulación una densa trilogía sobre la contracultura titulada “Poder freak” y entre otras referencias.
Al respecto de “Mercancía del horror. Fascismo y nazismo en la cultura pop», Antón López, responsable de la editorial, ya con un decenio a sus espaldas, escribe: «Apropiada como trofeo de guerra, exhibida morbosamente como polarizador generacional, reciclada en el engranaje sin fin del posmodernismo..., la reutilización de la simbología fascista en general y nazi en particular dentro de la cultura pop, ha sido un recurrente lugar de controversia desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial. No en vano, el magneto permanente que reviste su iconografía se fraguó al calor de la época de mayor incandescencia política, intelectual y sociológica del siglo XX». Añade que «más allá de la manoseada esvástica, cancerbera del umbral entre la estética y la ética fascista, existe un vaporoso inframundo de visiones y significados desterrados por Occidente. Desterrados, sí, pero no olvidados, pues su mecanizada aplicación sobre la sociedad serpentea hoy bajo los sutiles disfraces del fascismo encriptado».
En “Mercancía del horror”, en cuya portada aparece un busto mezcla de Bowie y Hitler, Jaime Gonzalo rastrea prolíficamente numerosos actos de connivencia directa o indirecta entre el fascismo y el pop en su sentido más amplio, además de apuntar también hacia la literatura, el arte, la moda, el cine, el cómic, la música... Su ensayo muestra que las situaciones de coqueteo han sido muy numerosas, en muchas ocasiones de forma inconsciente, tomando símbolos por el simple capricho de la estética o bien por incordiar, como ocurrió en muchos casos de orientación punk. Pero también refleja momentos de contestación al fascismo, como apunta al recordar el pop de “(We don’t need this) Fascist groove change” de los bailones Heaven 17. No obstante, los ejemplos de supuesta hermandad o descuido van a dejar perplejos a los lectores, ya que los ejemplos se cuentan por cientos.

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