Merkel y Tsipras critican el cierre de los Balcanes a los refugiados
La canciller alemana y el primer ministro griego han denunciado la «solución final» de sellar los Balcanes tomada por varios países de la UE. Mientras, Turquía matiza que el eventual acuerdo de readmisión no incluirá a las decenas de miles de refugiados bloqueados en Grecia.

«No se resuelve el problema con decisiones unilaterales», declaró ayer Angela Merkel a la radio pública MDR, para insistir en la necesidad de «una solución a Veintiocho» y «con Turquía». La canciller hacía así referencia al duramente criticado proyecto de plan de acción UE-Turquía que debate la posibilidad de devolver a suelo turco a todos los demandantes de asilo, sin excepción, que lleguen a Europa.
Alexis Tsipras criticó con igual dureza el cierre total del paso impuesto a los refugiados por los países balcánicos mientras decenas de miles de personas se hacinan en Turquía. «La UE no tiene ningún futuro si esto continúa así», señaló en un tuit, en el que denunciaba la decisión «unilateral» –o quizás no tanto– de un buen puñado de países miembros como Eslovenia, Croacia, Hungría y Austria, secundada por Serbia – donde 2.000 refugiados estaban ayer varados– y Macedonia. Todo ello sin olvidar la racanería de los países mediterráneos a la hora de asumir su cuota respectiva de refugiados.
Merkel y Tsipras contradijeron así al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien el miércoles no tuvo empacho alguno en saludar el cierre total de los Balcanes y presentarlo como una «decisión comunitaria».
«Trabajo sucio»
Pese a que no lo comparta, Merkel, quien con su política de acogida ha visto la llegada a Alemania de más de un millón de refugiados, respira acaso aliviada al constatar que esas medidas unilaterales están logrando lo que ella pretende hacer con un plan conjunto: reducir el flujo de llegadas a su país.
Su socio socialdemócrata de Gobierno ha llegado a decir que le han hecho el «trabajo sucio». Más en vísperas de unas elecciones de alto riesgo frente a los populistas xenófobos para su partido, la CDU, en tres landers.
Grecia no tiene quién le secunde salvo, paradójicamente, la «ogra austericida» Merkel. 41.973 refugiados –entre ellos 12.000 en Idomeni (frontera con Macedonia)– penan en condiciones infrahumanas. El miércoles mismo se registró la llegada de 2.373 refugiados a las islas griegas de Lesbos y Kos. Y ayer siguieron llegando.
Por si todo esto no fuera poco, Turquía advirtió de que no readmitirá en ningún caso a los refugiados que están ya en Grecia. Más aún, señaló que, «en caso de acuerdo de readmisión de refugiados con la UE –en la cumbre el 17-18 de marzo– recibiremos a miles o a decenas de miles, no a millones».
Hipocresía europea
Este proyecto de acuerdo, que ayer volvió a ser duramente criticado por la ONU y ONG, centró ayer una reunión de ministros de Interior de la UE.
Austria, que ha liderado el blindaje de las fronteras y aplaudió el cierre de los Balcanes, criticó «un plan que lanza nuestros valores por la borda» y destacó, junto con Bélgica, el poco respeto a «los derechos humanos europeos».
Italia y España –que colideran el ranking de estados que se niegan a aceptar sus respectivas cuotas de refugiados – mostraron su temor a que el cierre de los Balcanes les obligue a buscar nuevas rutas que les afecten.

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