Docena
Atocha, trenes, sirenas, humo, mentiras y un lehendakari bocazas al que la historia ya ha arrinconado. Mentiras políticas, policiales, mediáticas, para intentar colocar la acción de los yihadistas a ETA de una manera absolutamente indecente, en plena campaña electoral. Doce años que parece que fuera ayer. Que parece que fuera hoy. Un once, como el otro once que también nos ubica en cada aniversario. Del primer once, el de setiembre, todavía sufrimos sus efectos colaterales, los neoyorquinos todavía más porque acaban de inaugurar un edificio demencial de Calatrava allá donde había unas torres gemelas.
Estamos hablando de acciones inaugurales de una difusa tercera guerra mundial, global, fragmentada que nadie quiere declarar, ni reconocer, ni documentar ni glosar. Todo son sombras, misterios, silencios y un ministro de Defensa, como Morenés, dedicado a la venta de armas y a justificar el golpe franquista. Una de las imposturas más grandes de esta legislatura. La corrupción más nítida, peor a la que nadie quiere ni olfatear. Pero se montan pollos mediáticos porque una alcaldesa, Colau, se dirige a unos jefes militares para decirles educadamente que se tendrían que desligar ejércitos y educación. Una postura aprobada, hace años, en el ayuntamiento que rige. A Fernández Díaz, que necesita más educación que nadie, le parece escandaloso. Una docena de años y siguen los conspiranoicos manteniendo la tesis de que no fueron los que parecen haber sido y hasta condenados por ello. Es una bala de fiemo que guardan ahí por si hay que utilizar en la vuelta de Aznar, que se está preparando con precisión milimétrica. Probablemente creen una plataforma salvadora Aznar y González, un gobierno patrocinado por las compañías eléctricas y los fabricantes de armamento pesado. Suspiremos con alivio.

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