Fede de los Ríos
JO PUNTUA

El relato los retrata

No eran suficientes los años pasados en prisión por practicar una política de defensa de los intereses de la mayoría; de esa mayoría que, sabiéndolo inocente y víctima de injusticia, arropó su retorno. La reacción de la minoría en el poder no defraudó: Arnaldo Otegi fue terrorista, es terrorista y será terrorista por los siglos de los siglos. Así lo dictaminaron los del gobierno español en funciones y la coral de estultos a sueldo que pueblan los llamados medios de comunicación con sede en Madrí.

Podían haber estado callados. Pero no. También por estos lares, el nerviosismo que provoca su puesta en libertad desató la logorrea de los adoradores de Dios y la Ley vieja. Una misma editorial en sus diferentes periódicos calificaba de demostración de «caudillismo» el recibimiento a Arnaldo en Donostia. De «caudillismo» hablan esos agradecidos vasallos de los jauntxos mientras entre sus enaguas portan escapularios con estampitas de Ignacio de Loyola, del Euzkadi Buru Batzar y de la Confebask.

Las primeras palabras de Egibar son para censurar que el discurso de Otegi adolece de «déficit ético». Dios mío, qué mal envejecen algunos. Otros ya nacieron viejunos, así Urkullu aprovechó el 50 aniversario de Michelin en Gasteiz para dar «un homenaje a las personas del mundo de la empresa que han vivido durante décadas la ‘presión de la violencia y el terror’» recordando que su exdirector Luis Abaitua fue secuestrado en 1979 por un comando de ETA. Uno de los acusados del secuestro fue Arnaldo. Observe querido lector que con «personas del mundo de la empresa» refiérese Iñigo a los jefes. Las huelgas de Michelin en el 72, 76, 79… eran realizadas por no-personas a quienes había que reprimir, encarcelar y despedir por el bien de la empresa. No son nadie los jeltzales elaborando El Relato.

Hoy hace 12 años que un policía asesinó a Anjel Berrueta, el panadero de mi barrio, por negarse a poner un cartel. Un día antes el 11-M, el entonces Lehendakari, acusando a ETA de los atentados: «No son vascos, son alimañas».

Un beso Mari Carmen.