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La UE y Turquía intentan cerrar un polémico acuerdo

Los líderes de la Unión Europea se reunieron ayer en Bruselas para tratar de llegar a un consenso para garantizar que el acuerdo con Turquía para frenar el flujo de refugiados a Europa, que algunos rechazan, cumple plenamente con la legalidad, tanto comunitaria como internacional. Hoy se reunirán con Ahmet Davutoglu para cerrar el controvertido plan, que contempla la devolución de los solicitantes de asilo que lleguen a suelo europeo.

Los jefes de Estado y Gobierno de la UE comenzaron ayer una cumbre de dos días en la que quieren alcanzar un acuerdo que sea respetuoso con la ley comunitaria e internacional para devolver a Turquía a los refugiados que lleguen a Grecia y aliviar así la presión migratoria. El plan, presentado hace diez días, convierte a Turquía en el elemento central de la respuesta europea a la crisis más grave en décadas y a la que la UE ha sido incapaz de dar solución.

Según un borrador del acuerdo que Bruselas quiere cerrar hoy con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, los refugiados que lleguen a Grecia desde Turquía serán registrados y cualquier solicitud de asilo procesada acorde al derecho europeo, y los que sean devueltos serán protegidos según los están- dares internacionales. Bruselas aseguró el miércoles que todas las deportaciones serán legales porque Grecia reconocerá a Turquía como un «tercer país seguro», donde los refugiados recibirán la protección que piden.

Uno por uno

El texto señala que «todos» los demandantes de asilo que crucen desde Turquía a las islas griegas serán «devueltos a Turquía». Por cada refugiado que sea deportado, los europeos admitirán a un solicitante de asilo sirio, de los 2,7 millones que ya están en Turquía, un mecanismo llamado «uno por uno».

La Comisión Europea tranquilizó a los socios europeos de que en el futuro inmediato no se les requerirá un nuevo esfuerzo, que hasta ahora solo ha supuesto la reubicación de unos 600 de los 160.000 –del más de un millón que llegaron a Europa en 2015– que debían acoger en dos años. En el caso del Estado español, que se comprometió a recibir a 17.731 de esos 160.000, hasta el 6 de marzo solo había acogido a 19 refugiados.

Los mandatarios se mostraron esperanzados en alcanzar un acuerdo, aunque reconocieron las dificultades. «Soy más prudente que optimista», resumió el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

«Tenemos que solucionar esta situación y encontrar la forma de darles hospitalidad», declaró el primer ministro griego, Alexis Tsipras, quien reclamó que se tomen decisiones que ayuden a Grecia a solucionar la situación en el campamento de refugiados de Idomeni y solicitó acelerar los procesos de reasentamiento de los refugiados.

Su homólogo británico, David Cameron, calificó de «buena idea» las devoluciones e indicó que el objetivo es poner fin al negocio del tráfico de personas y «romper el vínculo entre subir a un barco y lograr un establecimiento en Europa», mientras el presidente francés, François Hollande, estimó «esencial» el «retorno» de algunos refugiados, pero rechazó un pacto que no incluya ayuda para Grecia.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, vio «posibilidades de lograr una posición común», y abogó por «encontrar el equilibrio entre los intereses de la UE y de Turquía».

«Tres o cuatro semanas»

El primer ministro holandés, Mark Rutte, cuyo país ejerce la Presidencia de turno del Consejo de la UE, aseguró que «no hay alternativa», y afirmó que el plan acabará «en tres o cuatro semanas» con las travesías de los refugiados en el mar Egeo.

El jefe de Gobierno belga, Charles Michel, dijo que Ankara «pide mucho» y que no aceptará «una negociación que parece un chantaje», y mencionó la necesidad de respetar la libertad de prensa y a los derechos humanos en Turquía.

Ankara ha solicitado a la UE una ayuda adicional de otros 3.000 millones de euros –a sumar a los 3.000 acordados en noviembre– para atender a los refugiados y acelerar la liberalización de visados y el proceso de adhesión a la UE.

Pero las negociaciones son complicadas y el plan ha sido criticado por algunos estados miembros, a quienes les molestan los métodos de Merkel y la forma inusual en que se negoció, ya que el texto fue pactado la víspera de la cumbre del 7 de marzo por la canciller y Davutoglu, en presencia de Rutte.

Las dudas sobre la postura de Chipre, más reacio al acuerdo por un histórico contencioso debido a la ocupación por Turquía de parte de la isla, parecían despejarse. Nicos Anastasiades, su presidente, aseguró que Chipre «no será un obstáculo siempre que cada candidato a la adhesión a la UE» reconozca al Gobierno chipriota.

Para el alcalde de Atenas, la UE se juega su «alma»

El alcalde de Atenas, Giorgios Kaminis, aseguró ayer que la UE se juega su «alma» ante la crisis de los refugiados, en la que las grandes ciudades deben tener un rol clave para gestionar su reubicación, y mostró su preocupación por el aumento de la xenofobia en Europa. En una entrevista a Efe, consideró que en el preacuerdo entre la UE y Turquía están en juego «los fundamentos de la civilización europea», es decir, «el asilo político y la justicia para esa gente que llega perseguida y huyendo de la miseria. Si perdemos nuestra alma, ¿qué vamos a hacer con lo demás?».

A su juicio, las ciudades europeas y grandes capitales del Mediterráneo pueden jugar un rol protagonista, porque son «más flexibles» y pueden actuar de forma «más práctica y realista, sin olvidar los principios democráticos», y abogó por impulsar una «agenda urbana» en la UE con propuestas concretas.

El que fuera Defensor del Pueblo en Grecia admitió, por otro lado, su «vergüenza e indignación» por situaciones como las de Idomeni.GARA