Raimundo Fitero
DE REOJO

En el borde

Los títulos llegan solos, se instalan y no hay manera de bordearlos. No se entiende que salga la palabra borde sin ser una descripción de personalidad. Pero se acumulan noticias que bordean lo lógico, lo asumible. A una mujer le llegó una factura desmesurada de su operadora telefónica después de haberse pasado 56 horas conectada a un teléfono que había visto en un anuncio donde aseguraban puestos de trabajo. Fue engañada, estafada, buscando un trabajo para su hijo de treinta y seis años. La desesperación. La maldad de quienes son capaces de atrapar a alguien tantas horas en una línea que factura extra. ¿Por qué salen ahora las actitudes salvajes, vejatorias, discriminatorias, de algunos seguidores de clubes de fútbol con los mendigos de las ciudades donde van a jugar sus equipos? Madrid, Barcelona, Roma, son los lugares donde se ven desde orinando a un bestia, echándoles monedas a unas pedigüeñas o rompiendo mobiliario del metro y utilizando de manera irresponsables los extintores. Recordemos la violencia inusitada por las calles de Bilbo hace unas semanas y a uno de los Manolos de Cuatro, en un acto repugnante en un puente de una ciudad europea, con cámaras y complicidad y risotadas en el plató, vacilando de manera obscena a un mendigo. Sucede esta difusión mientras los irresponsables políticos van a firmar un vergonzoso pacto de externalización del compromiso europeo con los refugiados asiáticos. Y vemos una violencia inusitada de policías contra los que ya han llegado a las puertas del infierno y las imágenes de  esos campamentos encharcados donde la humedad nos llega a través del plasma. Estamos en el borde de algunos precipicios morales. Y en Brasil, peor todavía, con Lula en la encrucijada judicial y Dilma ofreciéndole aforamiento. ¿Dónde está Iñigo Errejón?