Gloria LATASA
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Semana Santa

Esta es una semana de cambios. Empezamos el domingo, estrenando una primavera –de prima y vera, o lo que es lo mismo, primer verdor– que permanecerá entre nosotros hasta el solsticio de verano (el 20 de junio). El miércoles hemos estrenado luna llena –la primera de la primavera– y terminaremos la semana estrenando nuevo horario. La noche del sábado al domingo tendremos que adelantar los relojes una hora, perder una hora de sueño y ganar más horas de luz. El nuevo horario –para quien tenga la costumbre de mirarlo en los mapas– será UTC+2.

Acontecimientos varios en una Semana Santa que solo puede caer entre el 22 de marzo y el 25 de abril, en función del momento en el que se produzca el primer plenilunio primaveral. Por motivos religiosos y astronómicos, en el concilio de Nicea, se acordó que el domingo inmediatamente posterior a dicha luna llena fuera el de Resurrección. Y, de ese modo, se establece la colocación de la Semana Santa en el calendario.

Unas fechas que se eligieron, al parecer, porque tienden a ir acompañadas por un tiempo revuelto que invitaría más al recogimiento… Este año, sin embargo, no van a venir de la mano de una gran inestabilidad. En principio y de forma generalizada –sin tener en cuenta las particularidades de cada lugar, especialmente en áreas de montaña–, parece que va a predominar el buen tiempo. A excepción del noroeste peninsular (donde se esperan lluvias para hoy viernes y mañana sábado) y de una estrecha franja en todo el norte peninsular (donde se prevén precipitaciones para el domingo).

En lo que respecta a los próximos meses, las previsiones estacionales –período de referencia 1981-2010– muestran la posibilidad de que las temperaturas sean superiores a las normales para la época (con menor probabilidad en el cuadrante noroeste peninsular). En cuanto a las precipitaciones, no se prevén cambios importantes con respecto a otros años.