El iceberg sigue hundiendo barcos
Pletórica en lo físico y lo táctico, Islandia dio el sorpresón del torneo, dejando en la cuneta a Inglaterra.

INGLATERRA 1
ISLANDIA 2
Será un gran jugador, pero como adivino Cristiano Ronaldo no se ganará la vida. Ni como analista futbolístico. El mal perder del luso le llevó a decir que Islandia, tras empatar con Portugal, no llegaría muy lejos en el campeonato. Las palabras del madridista debieron espolear a los de Lagerback porque, desde entonces, no han parado de sorprender. Ayer dieron toda una campanada ante la todopoderosa Inglaterra, dejando una lección física y táctica.
Incluso tuvieron que hacer frente al comienzo más electrizante de los encuentros disputados hasta ahora en la Eurocopa. Poco más de un cuarto de hora y el marcador ya había registrado nada menos que tres dianas. Inglaterra, que salió a por todas, se las prometió muy felices cuando apenas transcurridos cinco minutos ya se había puesto por delante gracias a un penalti infantil y sin discusión de Halldorsson sobre Sterling.
El pez grande se iba a comer al chico, apuntaban en aquel momento los que dicen saber de este deporte. Sin tener en cuenta que los de Lagerback están sembrados, con esa dosis de chispa y eficacia que les ha permitido alcanzar los octavos y, de paso, ser la revelación del torneo. Todo un test saber sopreponerse al sopapo inglés, que lo superaron con nota. En su primera andanada, Islandia puso tablas en el electrónico, merced a un lance iniciado de un saque de banda, lo que debió enfurecer a Hodgson. Su cabreo debió subir varios enteros cuando su débil defensa permitió combinar al rival en la media luna hasta facilitar un chut al que Hart trató de llegar, pero solo a medias. Mayor eficacia ante la meta contraria, imposible de lograr.
Los nórdicos no solo demostraban tener una fuerte mentalidad, sino también una demoledora capacidad de reacción, ante el asombro de sus incondicionales, que no daban crédito al increíble rendimiento de su selección. El 1-2 puso las bases de por dónde iba a discurrir a partir de ahí el envite, coincidente con el plan inicial de ambas escuadras: una Inglaterra llevando la iniciativa y lanzada al ataque frente a una cauta y bien ordenada Islandia, esperando su oportunidad de finiquitar el choque.
Se apagaron las luces inglesas
En teoría, cabía esperar el tirón inglés para voltear el resultado, pero no solo eso no ocurrió, sino que a los británicos se les apagaron las luces. Ni siquiera las variaciones en medular y ataque favorecieron la empresa. Plagado de estrellas de la Premier, el cuadro inglés no supo cómo hincarle el diente a unos vikingos que se vaciaron hasta la extenuación, dejando patente un estado físico que debería tener muy en cuenta la anfitriona.
De hecho, si alguien pudo dar la puntilla fue Islandia que, a medida que transcurrían los minutos, se demostraba más entera y con las ideas mucho más claras que una errante Inglaterra. Con todo un país volcado, ya hay muchos que ven en el bloque islandés aquella Dinamarca de 1992 que anuló sus vacaciones a última hora y acabó siendo campeona.

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