Lewis, profeta en su tierra
Hamilton se impone a la lluvia y sus rivales y desata la locura en Silverstone.

«No hay espectáculo más aburrido que un domingo lluvioso en Londres», sentenció una vez el escritor británico Thomas De Quincey. Y decir Londres es decir Silverstone, si fuera por el Safety empeñado en hacer más monótona la Fórmula 1 de lo que ya muchas veces resulta. Y todo porque llovió con intensidad antes de la salida, contuvo los caballos de los motores hasta la vuelta quinta en que el cielo clareó y cuando Lewis Hamilton perdía la paciencia, para dejar paso a la cuarta victoria consecutiva del inglés, profeta en su tierra, que le ha recortado en ese tiempo 39 puntos a su vecino de taller y se pone a 4 de Nico Rosberg, segundo ayer.
Lluvia, carrera retenida, sol, locura con el cambio de neumáticos, la mitad del circuito seco y la otra anegada, duelos en cada posición de la carrera, prueba para olvidar de Sebastian Vettel, salidas de pista, Hamilton que no se baja de la cabeza, un gran Verstappen picando a un Rosberg que acabó gracias a una controvertida ayuda por radio desde boxes, Sainz que suma puntos, Alonso que no, y parafraseando a Gary Lineker, esta Fórmula 1 cada vez se parece más a una carrera en la que llueva o haga sol, siempre gana Hamilton. Cuarto triunfo de la temporada, iguala las cuatro victorias de Nigel Mansell en el GP inglés y las tres consecutivas de Jim Clark. Baño literal de multitudes, Lewis, un espectáculo nada aburrido.

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