Repelente

Zinegotzi vs Karabinagre

El final de los orines sin control

P or los sanitarios portátiles! Se acabaron de una vez por todas los orines sin control en nuestras gloriosas fiestas. En un alarde de imaginación, nuestro insigne Consistorio ha dado con una fórmula ingeniosa y puesta en práctica en otros lares para poner fin a tanto vandalismo miccionador: el repelente de pis.

Aplicando esta sustancia en la pared, se consigue que el desalmado meón de turno se ponga perdido con su propia orina, ya que, según sale el líquido por el conducto reglamentario, rebota del muro como si fuera una pelota y termina alcanzando al sinvergüenza que lo estaba soltando como si estuviera en el excusado de su casa. Un justo castigo a su falta de civismo al llenar la calle con sus orines.

Así que cuando veamos a alguien con los bajos del pantalón y las zapatillas húmedas, desprendiendo un profundo tufo hediondo y con un sospechoso color amarillento, ya sabemos qué le ha pasado.

Ese es su particular sambenito por el pecado cometido y que le sirva para aprender la lección y que la próxima vez busque uno de los abundantes lugares existentes en las calles de la ciudad para aligerar la vejiga sin molestar al resto de la humanidad. ¡A mear donde corresponde!

Unas buenas katiuskas y ¡listo!

Por las malditas y dolorosas piedras del riñón! ¿Quién no se ha visto en una urgencia bestial y ha tenido que aliviarse en la primera esquina disponible porque no había otra alternativa? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y los tenemos de todas las edades, desde tiernos infantes a veteranos a los que la próstata no da tregua, haga frío o calor.

Tampoco voy a defender eso de mearse en los portales, que a mí también me jode cuando encuentro el mío como si se hubiera desbordado otra vez el Arga. Pero en algunos espacios no molesta tanto y los orines simplemente se suman a la abundante mierda que inunda las calles por las noches sanfermineras. Hasta que llegan los servicios de limpieza con la manguera en ristre a tope de jabón y baldean las calles llevándose por el aliviadero el conjunto de líquidos que cubren el suelo como si alguien hubiera extendido Loctite. Y así, todos contentos.

Además, ante la posibilidad de terminar perdidos a causa del efecto del repelente escupe pis, nada mejor que enfundarse unas buenas katiuskas o mear de lateral para pringar al de al lado, que ingenio nunca faltan en las fiestas para salvar los momentos más comprometidos. ¡Hecha la ley, hecha la trampa!