La soledad de puertas adentro

Amparada en un discurso y en una declaración de intenciones muy lorquiana, “Todo saldrá bien” centra sus esfuerzos en subrayar una catarsis emocional mediante el recurso de una atmósfera sobrecargada y en una desesperanza que termina por apabullar debido a los recursos un tanto manidos que maneja el guion. Isabel Ampudia y Mercedes Hoyos son las encargadas de soportar sobre sus espaldas todo el peso dramático de una crónica íntima atrapada entre cuatro paredes y en la que se escenifica la tensa relación compartida por dos hermanas. Una de ellas regresa al hogar familiar del que marchó para triunfar en la gran urbe y la otra naufraga progresivamente debido a las frustraciones que le acarreó el cuidar de su madre moribunda. El reencuentro, tal y como se intuye, resulta cuanto menos doloroso y poco afectivo y el cineasta no lo oculta poniendo en funcionamiento los habituales resortes dramáticos que suelen alimentar este tipo de dramas que encuentran su detonante en la inevitable explosión que provocan los celos y todas las tensiones que fueron alimentadas en el seno de un hogar sacudido por ese tipo de soledad que carcome al individuo y que nunca invita a la reflexión. En beneficio de la película cabría destacar la labor del autor de películas tan correctas como “15 días contigo” a la hora de no querer caer en los excesos dramáticos que bordean peligrosamente lo guiñolesco y apostar por guiar el proyecto hacia unos senderos en los que se intuye una ligera brisa que aguarda al final del trayecto. Por el camino topamos con un duelo íntimo cargado de reproches y tensiones bien captados pero que no aportan nada nuevo.
Espartana en su apariencia, la película reniega de la luz para ampararse entre sombras en las que ni siquiera se cuela una música que acompañe unos diálogos que apuestan por la evidencia y las palabras excesivamente afiladas.

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