Mikel CHAMIZO
QUINCENA MUSICAL

Tres buenos músicos tocando juntos

La Ritirata, un conjunto que varía su formación en función de los requerimientos de cada concierto, se presentó esta vez como un trío formado por Josetxu Obregón, Daniel Zapico y David Mayoral.

Efectivos reducidos que chocaron con las expectativas que nos habíamos formado ante el título del espectáculo, “Danzas barrocas y sones de palacio”, un título que parecía prometer pompa y espectacularidad. Lo que nos encontramos, finalmente, fue todo lo contrario: interpretaciones más aptas para el consumo doméstico que para los salones principescos, en las que hasta la percusión sonó recatada. Pero que se pudieron disfrutar igualmente.

El formato íntimo seleccionado permitió observar la habilidad individual de cada músico, bien conocidos en el ámbito de la interpretación historicista. Daniel Zapico, con la guitarra y la tiorba, abordó con imaginación las “Españoletas” y “Marionas” de Gaspar Sanz, revistiéndolas de múltiples colores sin perder nunca el pulso del baile. Obregón supo vender muy bien la “Ricercare” de Gabrielli y la “Sonata” de Paganelli, sencillas en sí mismas pero que el violonchelista bilbaino defendió con verdadera garra.

Mayoral, por su parte, se mantuvo en un adecuado segundo plano hasta casi el final del concierto, momento en el que se desmelenó con una arriesgada improvisación a la pandereta en el transcurso de los “Canarios” de Gaspar Sanz, en lo que fue el momento estelar del concierto en cuanto a espectacularidad se refiere.

El rendimiento individual de cada músico fue, por tanto, excelente, pero las piezas que incidían más en el diálogo camerístico recibieron una lectura poco más que correcta.