Los anacronismos como gag cómico

Esta es ya la cuarta entrega de la franquicia “Les visiteurs”, si contamos con el derivado estadounidense “Dos colgados en Chicago. Los visitantes cruzan el charco” (2001), que siguió a “Los visitantes no nacieron ayer” (1993) y “Los visitantes regresan por el túnel del tiempo” (1998). La última secuela al igual que sus precedentes basa todo su humor en los anacronismos históricos, confrontando el atraso medieval con la modernización. Pero como quiera que el siervo y su señor ya han conocido el progreso, en esa dirección ya no se puede avanzar más. De ahí que “Les visiteurs: La révolution” opte por forzar el gag escatolótigo, oponiendo a un periodo de refinamiento y de la ilustración la embrutecida procedencia de la pareja protagónica, alérgica a la higiene corporal y devota de los olores más pestilentes y rancios.
Un planteamiento tan pedrestre ha provocado el lógico escándalo en los medios culturales francófonos, mientras que el populacho, que diría María Antonieta, ha acudido en masa seducido por una propuesta de tan mal gusto. Ni la guillotina escapa a los salpicones, ya que los descendientes del siervo aprovechan la coyuntura para quedarse con los palacios de los aristócratas decapitados.

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