K.L.
«Toni Erdmann»

Besos, abrazos, silencios y dientes postizos en la era de la incomunicación

A pesar de que el mundo actual pueda estar más intercomunicado que nunca, cineastas como Maren Ade se esfuerzan en adentrarse en los recovecos de la carencia comunicativa. Si bien el universo virtual ofrece un nuevo modelo comunicativo, la cineasta deja bien a claras a qué tipo de silencios emotivos se refiere porque en las escenas más determinantes de este filme –que a ratos podría ser considerada como una tragicomedia moderna– siempre aflora el contacto humano, algo que este caudal virtual de comunicaciones no puede ofrecer. Al igual que en sus anteriores “The Forest and The Trees” y “Entre nosotros”, este su tercer acto en torno a la incomunicación nos revela además un contexto muy específico, ya que una trama como la que se plantea en “Toni Erdmann” resultaría incompleta sin el complemento de radiografía humana que incluye. La relación entre un padre “marciano” y abonado al esperpento y la broma constante y una hija metódica e implacable en su trabajo pero gris en su rutina cotidiana, se transforma en una medida bomba de relojería que en su progresión coquetea con ciertas intenciones que plasmó con demasiado énfasis Lars Von Trier en “Los idiotas”, sobre todo en la escena de la celebración que tiene lugar en el apartamento de la joven, la cual se revelará como digna seguidora de su bufonesco padre. Por fortuna, y al contrario de lo que planteaba Trier, Ade deja a un lado la petulancia y el exhibicionismo gratuito.