Por el lado más salvaje de la pelota
Bengoetxea alcanza su segunda final al superar al campeón en un duelo épico.

BENGOETXEA VI 22
URRUTIKOETXEA 21
Ritmo, endiablado. Velocidad, supersónica. Emoción, toda la del mundo. Calidad, a raudales. Pelota, con mayúsculas. Ambiente, inmejorable. Ganadores, todos. Finalista, Oinatz Bengoetxea, un Oinatz épico.
Por un momento, se nos pasó continuar la crónica de esta gran semifinal con frases breves y sin verbo como mejor reflejo de la endiablada velocidad en la que se disputó el partido de ayer en el Labrit, sin embargo, como a Mikel Urrutikoetxea, nos pudo el convencionalismo. En su comparecencia tras quedarse sin poder defender la txapela, a la altura del partidazo, el de Zaratamo reconoció que, con 21 iguales, se le pasó por la cabeza hacer ese último saque de dos paredes. Reprimió su instinto, Bengoetxea VI devolvió su saque y el campeón pegó entonces el peor pelotazo de todo el partido, se le enganchó en su mano, y su intento de dos paredes se le escapó a la contracancha. Y con ese error hizo finalista, por segunda vez en su carrera, a un inmenso Oinatz Bengoetxea, que supo canalizar toda su energía en busca de esa única txapela que se le resiste. A falta de ese complemento, hubo quien, seguramente seguidor de Bengoetxea VI, a la antigua usanza, lanzó hasta alguna chaqueta a la cancha, en un gesto que debería extenderse a los pelotaris, no ya solo por su juego sino también por su comportamiento antes, durante y después de un partido que tuvo su cierta tensión desde la designación de su sede.
Eléctrico Oinatz
Y eso que el comienzo no fue nada halagüeño para un Oinatz Bengoetxea que dejó sin responder los tres primeros saques de Urrutikoetxea, los tres que le hizo en toda la semifinal. Sin embargo, enseguida se vio que el delantero de Leitza estaba para jugar, y vaya si lo estaba.
Con su pelota, enseguida se hizo con el control del partido. Las pelotas eran de toque y él estaba con chispa, la suficiente para superar a todo un Urrutikoetxea en el peloteo. Siguió la estrategia de ante Ezkurdia, jugando por bajo y tratando de arrinconar al de Zaratamo contra la pared izquierda (12-8).
Sucede que el campeón, cada vez que pudo, le respondió con eléctricos ganchos con los que se mantuvo a rebufo en un partido con sus errores, absolutamente justificables a la velocidad en la que ambos jugaron.
Pegó el de Leitza, entonado y acertado, un segundo arreón que parecía definitivo en el 19-15, pero de todos es sabido que al vizcaino hay que hacerle 23 tantos antes de relajarse.
Y en vez de eso Bengoetxea VI hizo una pasa de saque con la que le devolvió la vida, la fe le sobra (19-18). Otro pequeño, a esas alturas gigante (21-18) impulso tampoco fue bastante. Urrutikoetxea estiró el partido hasta el máximo, tuvo el partido, pero se le esfumó.
«Al final la suerte ha estado de mi lado»
La felicidad era «total» para Oinatz Bengoetxea en los instantes siguientes a conseguir el pase a la final. «Estoy muy contento, al final hemos tenido que sufrir mucho pero esta vez la suerte ha estado de mi lado».
«Creo que en la primera parte he sido superior, la pelota tenía chispa y yo también, y él se ha cansado un poco y he sido más. Pero sabía que en la segunda parte “Urruti” seguiría a su ritmo, las pelotas se gastarían y yo también bajaría mi nivel, que se complicaría mucho y así ha sido», analizó. J.O.

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