Pablo CABEZA
BILBO
Entrevista
ION ANDONI DEL AMO CASTRO
SOCIÓLOGO, INVESTIGADOR, PROFESOR...

«Hoy, en términos generales, la música ha cambiado su significado social»

«Party & Borroka», con el subtítulo «Jóvenes, músicas y conflictos en Euskal Herria» –editorial Txalaparta– es un libro escrito por el durangarra Ion Andoni del Amo, quien interrelaciona la escena musical de los últimos sesenta años con los movimientos sociales y políticos.

Nacido de una tesis, “Party & Borroka” termina siendo un libro que relata los aconteceres surgidos en los últimos sesenta años y que relacionan la música con la secuencia social y política. No es un libro de biografías ni de ensalzamiento de unos discos sobre otros. La narrativa discurre –bajo el soporte de casi cuatrocientas páginas– sobre el reflejo proyectado por los hechos, la representación de los mismos tamizados por el autor, declaraciones específicas para el libro y reflexiones tomadas de terceros.

Del Amo muestra con rigor cómo lo sucedido en la sociedad influye en textos y estilos, cómo el lenguaje interrelaciona entre partes. En ocasiones parece, o demuestra, que lo social y lo político, quizá porque no pueden ir disociados, son más definitivos que el propio acorde. Entre reflexiones, relatos y citas se reconstruye con atino el último medio siglo.

“Party & Borroka” motiva con cada página su lectura gracias a un relato que cuestiona y describe hechos que cambiaron una posible historia lineal, como en tantos pueblos, por otra ágil y motriz. Euskal Herria fue diferente, quizá un caso único en el mundo por su singularidad y dinámicas, en ocasiones extremas. Es una novela realista y es un libro de texto. O es lo que cada uno quiera que sea al pasar página. En todo caso, cabe asegurar que representa el triunfo del esfuerzo, de los férreos argumentos sobre las especulaciones y que hará vivir o recordar esos años desde nuevas perspectivas, desde las que se puede discrepar, aunque el autor se lo va a poner muy difícil al posible disidente.

Ion Andoni del Amo es Ingeniero en Telecomunicaciones y licenciado en Sociología, máster en Modelos y Áreas de Investigación Social y doctor en Comunicación Social. Cuenta con una larga trayectoria investigadora en temas relacionado con la cultura, la música, los movimientos sociales, las nuevas tecnologías y el cambio social y cultural. Es profesor en la UPV-EHU y miembro del grupo de investigación NOR. Experiencias formativas que quedan reflejadas en el flujo de contenidos y su tratamiento en este “Sesudo & Divertido” trabajo.

¿Qué ha pretendido con «Party & Borroka»?

Aportar una pequeña crónica e interpretación sobre los cambios culturales, políticos y sociales de los últimos años, porque han sido importantes y algunos de ellos súbitos. Probablemente hemos cerrado un largo ciclo de unos cincuenta años, y la apertura de uno nuevo requiere poner encima de la mesa algunos elementos de reflexión. Eso da para más de un libro, por supuesto, pero esta es una pequeña aportación tirando de un hilo musical, pues en este país la música ha sido un elemento muy importante y reflejo de muchas cosas.

El libro proviene de una tesis, un formato que necesita un extremo rigor y método, pero que habrá tenido su party & borroka interna.

¡Jajajaja! En efecto. Sobre todo hacer más recortes que Mariano Rajoy, eliminando todos esos elementos que tienen que estar en una tesis, pero que resultan muy académicos: marco teórico, análisis de contexto, metodología…. Incorporo algún elemento para la explicación, en otro registro más ‘suave’, pero en general el libro tiene forma de crónica, casi de novela, y la incorporación de extractos de entrevistas le da aún más dinamismo.

Inicia el libro con una experiencia vivida en el año 2000 en Vrankrijk, un conocido squat de Ámsterdam, y se pregunta por qué nuestro rock combativo no se parece a lo que vio: una mezcla de punks y pijillos en armonía al calor de la música electrónica.

Hemos conocido desde txikis gaztetxes, txoznas y bares más o menos alternativos. Y los hemos identificado de forma casi natural con música rock y combativa. Cuando vas a lugares como Ámsterdam, Londres o Berlín llaman la atención dos cosas. Una la potencia de estos espacios autogestionados o populares en Euskal Herria, presentes en casi todos los pueblos; lo tenemos tan naturalizado que a veces no reparamos en ello. Segundo, el contraste entre la fijación de los espacios vascos al rock combativo y la mayor pluralidad estilística en otras latitudes. Estilos como el rap o la electrónica han sido mirados con malas caras en los espacios vascos hasta hace pocos años.

Da la impresión de que siente gran curiosidad por el universo de los DJ’s, la música electrónica y su implantación.

En efecto, la música electrónica ha sido un fenómeno cultural muy importante, en algunos lugares incluso una evolución natural del punk y el postpunk; también con características contraculturales en algunos estilos y espacios. En Euskal Herria, sin embargo, ha costado que entre, o incluso ha sido blanco de rechazo y acusaciones, por cierto, de forma y argumentos similares a lo que ocurrió con la llegada del punk, o incluso con los temas más experimentales de cantautores como Mikel Laboa. Cuando llega de forma más masiva, además, lo hace en la estela del bakalao discotequero, y las y los chumberos y bakaladeras son objeto de un triple prejuicio: de clase (barriobajeros), nacional (españoles) y de relación con las drogas. Yo mismo tuve que pasar por Berlín y Ámsterdam para ver la música electrónica de otra manera.

Ez Dok Amairu propone por parte de Oteiza un cambio de estética que va más allá de la pura apariencia. ¿No es una paradoja que el punk-rock renegase de ese pasado también comprometido y en lucha?

Sí, la propuesta de Oteiza es estética en sentido profundo, de construcción de una nueva sensibilidad vital, el sensorium del que hablaba Walter Benjamin, y va de la mano y mezclada con los intentos de recuperación cultural (lingüística) y política. El rechazo inicial del punk a la Nueva Canción Vasca debe entenderse, como apuntan Herreros y López, como una negación implícita de la gravedad y la solemnidad como registros necesarios de rebelión política; es una reivindicación también de la fiesta, lo lúdico, la celebración, y la irreverencia como una dimensión de pleno derecho de la cultura antagonista. Los punkis tomaron en Euskal Herria el relevo de los cantautores y lo hicieron porque, de acuerdo a su filosofía, no esperaron a saber tocar para subirse al escenario con actitud y vitamina. Pero, al tiempo, florecen sobre el humus de antagonismo generado por el movimiento anterior. Muchos grupos del RRV, de hecho, acabarán participando en homenajes a algunos de los protagonistas de la Nueva Canción Vasca.

Herri Batasuna apostó por acercarse al movimiento punk-rock al observar elementos de lucha semejantes. Y tácitamente funcionó bien la simbiosis, a pesar de desencuentros más apreciables en declaraciones a medios de comunicación oficiales, de fotocopia, radios libres..., que en la realidad física.

En efecto, en los momentos iniciales, entre los músicos no había adscripciones políticas claras, sino más bien contraculturales y autónomas, y entre la propia Herri Batasuna un fuerte recelo hacia el movimiento juvenil. Pero, por un lado, se daba un solapamiento discursivo, en un rechazo de la institucionalidad naciente y una actitud antirrepresiva, e incluso de confrontación. Además, se coincidía en muchas movidas y batallas. Dos elementos actuarían de puente: Jarrai y “Egin”. Aunque Martxa eta Borroka supone ya una apuesta explícita y consciente, la coincidencia estaba sucediendo de forma natural. La cuestión no ha estado exenta de polémicas y acusaciones de instrumentalización, pero con perspectiva parece que la simbiosis fue positiva para ambos: a HB le proporcionó una identidad (contra)cultural y le permitió atraer a sectores jóvenes, y al movimiento punk y rock le proporcionó un apoyo político (a gaztetxes y txoznas) y comunicativo, que facilitó su prolongación en el tiempo.

¿El presente es más liviano?, ¿ha perdido carga?

Hoy, en términos generales, la música ha cambiado su significado social y ya no es un elemento tan importante en la construcción de identidades, sino más bien un elemento secundario para la socialidad, simplemente para pasarlo bien, para cantar y bailar juntos.