Como puños
Con una cadena al cuello que les ligaba a los barrotes del Palacio de Justicia de París, un puñado de jóvenes de Aitzina reclamó esta semana del ejecutivo socialista el acercamiento de los presos y la liberación de aquellos gravemente enfermos. Termina este año como el anterior, sin que ni un gobierno ni otro asuman que su justicia, por arbitraria y vindicativa, no es tal.
Un par de días después, en un periódico español, el exsubcomisario José Amedo, condenado por participar en los GAL, tras mostrar su arrepentimiento y llamar al Estado a reconocer que la guerra sucia fue creada por Interior, solicita un «final ordenado de ETA» y que «se facilite el acercamiento de sus presos a cárceles vascas» bajo determinadas condiciones. Sostiene además que no debe existir diferencia entre víctimas de uno u otro signo y termina pidiendo perdón por el daño causado.
Cierto es que la credibilidad de este hombre es cuestionable, pero no es menos cierto que en su reflexión, sentida o no, pueden encontrarse verdades como puños. Como ésos que sostienen rosas rojas. Ojalá en este nuevo año ése y otros puños se abran, se dé un reconocimiento mutuo del daño causado, se ponga fin a la mentira, a la injusticia y al agravio, y se pongan las bases para un futuro de verdad, de justicia y de reparación. Sin cadenas al cuello, sin barrotes y con las manos abiertas.

El problema no son solo las formas, sino un fondo sin garantías desde 1979

«Que solo se permita comprar casas para vivir es legal, está sobre la mesa»

Martxoaren 3ko biktimen aurka jo du Gasteizko gotzainak: «Tentsioa dago»

Los kurdos lo pierden todo contra Damasco
