Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Colonia»

Las conexiones alemanas con la dictadura de Pinochet

Sin duda fue Costa-Gavras quien dejó como modelo a seguir de una mirada extranjera y a la vez comprometida su película “Missing” (1982), al rodar en inglés una visión reveladora de la implicación de la CIA y del Gobierno de los EEUU en el golpe de estado militar que derrocó a Salvador Allende. El alemán Florian Gallenberger intenta hacer algo parecido con respecto a su país en “Colonia”, pero se queda mucho más lejos de generar la misma inquietud histórica, al abordar de un modo superficial y anecdótico la colaboración germana con la dictadura de Pinochet.

“Colonia” se limita a ilustrar tangencialmente el caso de la secta liderada por Paul Shäfer, y que se estableció en Chile con el nombre de Colonia Dignidad a principios de los años 60, después de salir del país teutón a causa de las acusaciones de abuso de menores. El líder fue atrapado finalmente en Argentina en el año 2005, cuando ya le quedaba poco tiempo de vida. La sede chilena de su organización fue rebautizada como Villa Baviera, sin que la reciente democracia del país sudamericano haya sido capaz de juzgar el papel que jugó en la tortura, genocidio y persecución política desatada en aquel fatídico 1973.

La película no se adentra tampoco en las consecuencias pendientes del caso por la sencilla razón de que presenta un desarrollo ficcional que se desvía hacia el drama romántico, a través del personaje de un fotógrafo alemán de izquierdas que fue detenido y conducido al Estadio Nacional, para ser enviado posteriormente a la finca propiedad de Colonia Dignidad. Es su novia, una azafata de vuelo, la que investiga sobre su paradero, no dudando en ingresar en la secta para rescatar a su chico mediante un plan de fuga. La actuación estelar de Emma Watson no convence, y en nada justifica el presupuesto de 14 millones de dólares, que no se ha podido recuperar en taquilla. Pero es que el resto del reparto está igual de mal dirigido.