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MARCHA DE LAS MUJERES

Cientos de miles de personas claman su rechazo a Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió un histórico rechazo en las calles de las ciudades del país, que se extendió a otras en todo el mundo, día siguiente de su toma de posesión. La Marcha de las Mujeres movilizó a multitudes en defensa de los derechos civiles y contra el machismo del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Cientos de miles de personas participaron ayer en la Marcha de las Mujeres en varias ciudades de Estados Unidos, en defensa de los derechos civiles y contra la llegada de Donald Trump a la presidencia.

La protesta, organizada al día siguiente de la investidura de Trump, refleja la fractura de la sociedad estadounidense y un rechazo histórico contra un presidente en el mismo momento de su toma de posesión.

La mayor concentración se vivió en Washington, donde 275.000 viajeros llegaron a tomar el metro a última hora de la mañana, un 50% más de los que lo hicieron para asistir a la investidura de Trump la víspera a la misma hora, según la autoridad del transporte WMATA.

Los organizadores estimaron la participación entre 200.000 y 500.000 personas.

La multitud era especialmente compacta en la Avenida de la Independencia, donde cientos de miles de personas marcharon hasta el entorno de la Casa Blanca. Y varios miles que no pudieron acceder a esta calle desbordaron los alrededores y lo hicieron por el vecino National Mall, la explanada del centro de la capital, donde el viernes los partidarios de Trump habían asistido a su investidura como 45 presidente de EEUU. Las comparaciones entre la asistencia a la investidura del magnate con la de Obama ocho años antes y con la protesta de ayer se multiplicaron en medios y redes sociales.

La movilización por Trump «era verdaderamente débil. No parecía en absoluto la investidura de Obama, donde el país entero estaba sinceramente feliz», subrayó Kathy Small, una profesora llegada de Arizona.

Según un experto citado por el “New York Times”, el presidente no logró reunir más que a un tercio de los que aclamaron la llegada de Obama en 2009 (1,8 millones de personas). Trump no tardó en volver a arremeter contra los periodistas, a los que acusó de mentir sobre las cifras de asistencia a su investidura de estar «entre los seres humanos más despreciables de la tierra».

Además de la manifestación de Washington, en Boston, New York Denver o Los Angeles se llevaron a cabo movilizaciones similares. En Chicago, la marcha se transformó en concentración dada la afluencia de personas, que reunió a cerca de 250.000 según los organizadores, lo que bloqueó su movimiento.

Aunque acudieron bajo el lema «Marcha de las Mujeres», fueron hombres y mujeres de todas las edades los que salieron a defender la diversidad, la igualdad, la inclusión, los derechos reproductivos y a condenar el racismo y la misoginia de Trump.

«Respeto para todos»

«Nosotros el pueblo somos más fuertes que el miedo», «En las mujeres confiamos», «La diversidad es estadounidense», «Los derechos de las mujeres son derechos humanos» o «Respeto para todos», eran algunos de los lemas que portaban en pancartas y carteles.

Y en las cabezas el gorro «pussy cat», un gorro rosa con orejas de gato, la respuesta irónica al comentario machista de Trump sobre que a las mujeres «les puede agarrar por el coño si eres famoso» –en un juego de palabras (pussy-gato/coño)–.

«No puedo apoyar un programa de odio e intolerancia. Estoy entusiasmada. Debemos luchar por el cambio», afirmaba la neoyorkina Michelle Phllips. «Esta manifestación es una declaración de principios. Tenemos que hacer algo. El hombre que es ahora presidente es una persona horrible. No ha podido conseguir los votos populares», señalaba Candice Fiegles, de Virginia.

Kerry, Clinton, Madonna

El ex secretario de Estado, John Kerry, que dejó el viernes su cargo, se encontraba entre los manifestantes de Washington.

La excandidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, dio su apoyo a los asistentes a través de Twitter: «Gracias por marchar, por defender y por hablar de nuestros valores. Más importantes que nunca. Creo sinceramente que siempre seremos ‘Más fuertes juntos’».

El senador Bernie Sanders afirmó que «no vamos a lograr nuestros objetivos si tratamos la democracia como si fuera un deporte de espectadores mientras otros la practican. No lo harán. El futuro está en nuestras manos».

En las movilizaciones aparecieron además rostros famosos y artistas que Trump no consiguió llevar a su investidura.

La cantante Alicia Keys alabó la fortaleza de las manifestantes y les cantó «This girl is on fire». Madonna lanzó un mensaje de esperanza: «el bien no ganó en estas elecciones, pero ganará al final» y, añadió, «bienvenidos a la rebelión, a nuestra negativa como mujeres a aceptar esta nueva era de tiranía».

Antes, también las actrices Scarlett Johanson, Ashley Judd y América Ferrera habían enviado duros mensajes de resistencia a Trump. «El presidente no es Estados Unidos. Nosotros somos Estados Unidos y estamos aquí para quedarnos», proclamó Ferrera, de origen hondureño. El cineasta Michael Moore quiso ser más gráfico y rompió una portada de periódico con la noticia de la investidura de Trump.

También en varias ciudades del mundo, como Sidney, París, Ginebra, Barcelona o Tel Aviv se vivió el eco de la «Marcha de las Mujeres» que tuvo lugar en EEUU. Más de 600 ciudades se habían sumado a la convocatoria «Despidamos a Trump».

La Casa Blanca tendrá la impronta del magnate y estará comandada por su entorno familiar

Desde el papel de su entorno familiar a las escapadas presidenciales, la Casa Blanca de Donald Trump podría será muy distinta a la de sus predecesores.

Franklin Roosevelt utilizaba la radio, John F. Kennedy cautivaba a los telespectadores con las primeras televisiones en blanco y negro y Obama era un orador sin parangón.

Trump adora Twitter. Una pasión a la que no parece que vaya a renunciar. Sus asesores más cercanos no sabían cuándo iba a enviar sus siguientes 140 caracteres ni sobre qué. Los arranques de la jornada en el 1.600 de la Avenida Pennsylvania serán animados para los miembros de su Administración, que comenzarán el día con un twitt de retraso (las malas lenguas aseguran que Trump tiene por costumbre levantarse a las 2 de la madrugada).

No menor atención genera la cuestión de si Trump aguantará mucho tiempo en la Casa Blanca que, en palabras de Bill Clinton, «más parece la joya del sistema penitenciario antes que el mejor de los edificios de América». Ser presidente tiene sus ventajas, entre ellas disponer del helicóptero Marine One para huir. El problema es que incluye como escolta un ejército de agentes secretos, y moverlos no es tan simple.

Sus antecesores elegían Camp David para sus vacaciones. Obama optaba por su Hawai natal pero Trump preferiría alguna de sus lujosas mansiones.

La Trump Tower de Nueva York, su cuartel hasta el día de su investidura, provoca sudores fríos entre su escolta por la dificultad de asegurar el edificio y por el tráfico aéreo sobre su altura.

El multimillonario podría elegir su residencia de Mar-a-Lago en Florida como destino de asueto.

En plenas dudas de que su mujer, Melania, asuma el papel de primera dama, todo apunta a que será su hijastra Ivanka, la hija preferida del presidente, la que cumplirá ese rol.

Hay quien no descarta que esta mujer (35 años), nacida de su primer matrimonio, tratará de representar la feminidad de una Administración en la que las mujeres brillan por su ausencia. Ivanka Trump insufló a su padre en campaña medidas poco republicanas: permiso de maternidad remunerado y medidas para facilitar el cuidado de las hijas e hijos.

Su marido, Jared Kushner, un judío y rico promotor inmobiliario, se perfila como el hombre en la sombra a quien más escucha el presidente. Este telegénico «niñato», hijo de una familia que huyó del Holocausto y próxima a los demócratas, se ha convertido en uno de los estrategas de su suegro y dejará sus negocios y la dirección de su diario, “The New York Observer”, para convertirse en alto consejero de Trump.

La lista se completa con sus hijos Donald Jr y Eric, que oficialmente tomarán las riendas de la Trump Organization. Su padre ha prometido que no hablará con ellos de temas empresariales. Risas. GARA