«Un documental me tiene que dar algo, el valor, el interior de la persona»
Nacido en Iruñea, trabaja en producción en Televisión Española y dedica su tiempo a los documentales. Tras dirigir en solitario «El rey de Canfrac», se ha vuelto a unir a Ángel Parra para adentrarse en el alma de la alta cocina. «Soul» inaugurará la sección Culinary Cinema de la Berlinale.

José Antonio Blanco y Ángel Parra han pasado los ratos libres y las vacaciones de los últimos dos años y medio rodando entre fogones. Lejos del empacho, el resultado les ha dejado un buen sabor de boca y esperan que guste también al público.
¿Cómo surge el proyecto?
Vi el documental “Dreams of sushi”, una biografía de Jiro Ono. Me gustó y vi que de alguna manera se podía fusionar lo que es la gastronomía vasca con la japonesa. Veía un potencial importante en Euskal Herria, donde hay cuatro cocineros con varias estrellas Michelin –Arzak, Aduriz, Subijana y Berasategi– y Eneko se tuvo que hacer un hueco. También quería mostrar el potencia del territorio y su explotación turística.
¿Por qué escogieron a Eneko Atxa y Jiro Ono?
Elegimos a Eneko porque era una persona joven y este señor es muy mayor, tiene 91 años. Eran dos personajes antagónicos, con dos cocinas antagónicas en dos mundos opuestos, pero convergen en los valores: el talento, la disciplina o la obsesión por la perfección. Nos llamó la atención ese vínculo y de ahí empezamos a tirar del hilo.
¿Qué es el alma que quieren mostrar en «Soul»?
La esencia del documental es que las ganas que tiene Eneko con 40 años, son las mismas que tenía Ono a su edad. Puede pasar el tiempo, cambiar la tecnología, el material... pero son las mismas ganas de cocinar. Eso no cambia, ese factor humano sigue siendo el mismo. También la idea que refleja el cartel, que la gastronomía no para las 24 horas del día. Cuando Eneko cierra las puertas de su restaurante, Jiro abre las suyas.
¿Fue fácil que los chefs se embarcaran en el proyecto?
La parte de Ono fue muy complicada. Al principio se negaron en redondo. Es muy difícil llegar a ellos desde aquí. Una japonesa que vive en Donostia y hace de traductora a los cocineros que vienen se puso en contacto con Yukio Hattori, director de la principal escuela de gastronomía del mundo. Para los japoneses es una persona muy especial, él se lo pidió y no pudieron rechazarlo. En cuanto a Eneko, fue mucho más fácil, es mucho más accesible. Le contamos el proyecto y le gustó. Es un amor de persona, ha sido muy fácil trabajar con él, nos ha puesto todo en bandeja para el rodaje.
¿Y el rodaje con Ono?
El rodaje en Tokio fue complicado. A las horas que ellos decían, cuando querían... Jiro es un hombre muy mayor, lleva marcapasos, es un cascarrabias... Nos dijo que nos dejaría grabarle en el restaurante un par de días. Si valía la toma bien, pero que no iba a hacer nada más, ni podíamos seguirle.
¿Afectó eso a la idea inicial?
Sí. Me hubiera gustado hacer un documental solo con Eneko y Jiro, pero fue imposible. La intención era que al final tuvieran una charla y viéramos a Eneko comer el sushi de Jiro en el restaurante, pero no permitieron que se grabara nada más que el saludo entre ellos. Todo el material con Jiro está en el documental, no hay más. No es mucho, por lo que buscamos personas que tuvieran que ver con ellos dos. Tenemos a Martin Berasategi, Eneko fue su discípulo, a Carme Ruscalleda, que tiene el restaurante Sant Pau con dos estrellas Michelin en Tokio; al cocinero Seiji Yamamoto que es la antitesis de Ono con una cocina más moderna y arriesgada; a Hattori, a un crítico gastronómico que habla de Jiro; a Joël Robuchon, el hombre más estrellado del mundo, amigo de Ono; y a Michael Ellis, director mundial de la Guía Michelin.
«Soul» abre el ciclo culinario del Festival de Berlin. ¿Esperaban ser seleccionados?
No, ha sido un subidón. Jamás imaginamos estar entre los 12 seleccionados. Cada vez hay más creativos, mejores temas... Nada más acabar el pase me llamaron y me dijeron que les había encantado. Ángel y yo nos abrazamos emocionados. Después de tanto esfuerzo, tantos días, enemistades... da su fruto. Es importante y estamos muy contentos.
Es su primera incursión en el campo culinario.
Siempre busco temas diferentes. Primero hicimos juntos “Homenaje a Berlanga”, luego, en solitario hice “El rey de Canfrac” sobre la Segunda Guerra Mundial y la estación de Canfranc; ahora prepararemos otro sobre deporte... Todos guardan en común el factor humano. Un documental me tiene que dar algo, el valor, el interior de la persona.
Han cuidado mucho la imagen.
Lo hemos hecho en 6K –ultra alta definición, 6 veces más que el HD– y hemos utilizado el slow motion –ralentizar la imagen– para que el plano dure más y se vea con mayor nitidez. Queremos que la gente se meta dentro y babee viendo una gamba. Hemos arriesgado mucho, pero el resultado es muy bonito.

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