Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Billy Lynn»

La tecnología avanza más rápido que la narrativa

Hay películas que en el futuro serán recordadas, pero no precisamente por su calidad. De “Billy Lynn” se hablará como de la realización que en el año 2016 batió el récord de velocidad en la captación de imágenes, con unos mareantes 120 fps (fotogramas o frames por segundo), que dan como resultado una visión en pantalla hiperrealista, como si el espectador estuviera asistiendo a una retransmisión en directo en una pantalla de alta definición. Cualquiera diría que Ang Lee se ha concentrado tanto en el experimento tecnológico con el que pasar a la historia, que se ha olvidado de su verdadero oficio de narrador. Es como si ya diera por sentado que el cine bélico sobre la invasión de Irak tiene muy poco que ofrecer, y va a seguir sin dar ningún título ilustre, al menos dentro de la industria de Hollywood.

“Billy Lynn” no funciona narrativamente porque es un mala imitación del cine del maestro Robert Altman, y Ang Lee no acierta a manejar las escenas corales en plano-secuencia con la mirada crítica del genio de Kansas City. Es más, en lo ideológico su discurso patriotero se acerca a los contenidos del a todas luces fallido reciente trabajo de Clint Eastwood, “El francotirador” (2015), ya que coincide a la hora de contraponer la realidad del combate y la utilización pública que se hace de la figura del héroe de guerra a través del medio televisivo. Dicho paralelismo es expuesto de forma torpe, simultaneando el ruido o efecto de las explosiones bélicas con el de los fuegos de artificio de la fiesta de recibimiento a los soldados condecorados.

El acto de homenaje tiene lugar en Dallas durante el descanso de un partido de la Super Bowl, y su puesta en escena resulta decepcionante. Como quiera que sucede en 2004, se supone que las estrellas invitadas son unas Destiny’s Child, vistas siempre de espaldas, por lo que hay que adivinar cuál de ellas sería la falsa Beyoncé.