Iñaki LEKUONA
Periodista

Perder la cabeza

En plena revolución y antes de que Luis XVI perdiera su cabeza (y no Luis XIV, que a ése no hubo quien le cortara ni un mechón de la peluca), los vascos reclamaron del todavía Rey de Francia una institución propia. Los revolucionarios hicieron caso omiso y crearon un departamento que desde entonces nos une al Bearne, mientras que el Borbón pasó de soberano de Francia y de Navarra a «rey de los franceses». Más de dos siglos después, el alcalde de Baiona, recién investido presidente de la primera institución vasca, subrayó que es el primer paso de «una reivindicación ancestral, de los tiempos de la Revolución francesa», una época en la que el idioma vasco, calificado de «vehículo de fanatismo», comenzó su declive a ritmo de guillotina.

Una de las competencias que asumirá la nueva entidad pública será precisamente la del euskara, que sigue muda en la Constitución francesa… y en las actas de los debates de la institución que presidirá Etchegaray. «Es la ley», ha recordado. «Pero tampoco prohibiré a nadie que se pronuncie en su lengua». Más de dos siglos después, sonará extraño escuchar a este lado del Bidasoa un protocolario «lehendakari jauna», pero lo revolucionario llegará cuando el propio presidente se dirija a los electos en euskara. Olvida Etchegaray que perder la lengua es tanto como perder la cabeza. También es ley.