Fogo brasileño
En una sesión de media tarde en la Berlinale, la sala está a reventar... como en cualquier otra; en cualquier otro horario (así da gusto). Aún no hemos alcanzado el ecuador de la 67ª edición, pero la parroquia parece haber alcanzado ya la velocidad de crucero. Las películas se van encadenando en non-stop y el café se consume como si fuera agua. Todo en orden, hasta que descubrimos que esta no es una sesión cualquiera. La sección es Forum y la película presentada es “Rifle”, de Davi Pretto. Como es habitual, el director sube al escenario para presentar su trabajo, solo que en esta ocasión el hombre llama a todo su equipo para que se una a él... en la proclama conjunta de un manifiesto. Hablan de la situación en su país, Brasil. Hablan de un gobierno ilegítimo en el poder. Hablan del estado de salud de su cine; de cómo este ha conocido en los últimos años una nueva eclosión que ahora, dicho ejecutivo, pretende cortar de raíz. Por cierto, se dice / se comenta que si “Aquarius”, la magnífica segunda película de Kleber Mendonça Filho no llegó a los Óscar, fue por interferencias de la administración Rousseff. En Cannes, por cierto, también hubo lío. Y en Sundance. Ahora en Berlín, pero hay más ejemplos. Ya se sabe que la corrupción y el autoritarismo no son nada amigos de las voces críticas. La alergia a la cultura es la prolongación de este mismo mal. ¿Les suena? A mí sí. Brasil, tan lejos y tan cerca.

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