Martxelo DÍAZ
DONOSTIA
Entrevista
BOB BROWN
ALL-AFRICAN PEOPLE’S REVOLUTIONARY PARTY (GC)

«Nos llaman estadounidenses, pero somos africanos»

Con una trayectoria de medio siglo de lucha en defensa de los derechos de la población negra de EEUU, Bob Brown sigue insistiendo en la necesidad de contar con organizaciones políticas que estén articuladas en base a posiciones claramente de izquierdas y que tengan en cuenta sus derechos nacionales.

Bob Brown fue cofundador del Capítulo de Illinois del Partido de las Panteras Negras en 1968. Actualmente, es uno de los organizadores del Partido Revolucionario de los Pueblos Africanos (GC), miembro del Congreso Panafricano de Azania y codirector del Instituto Kwame Tur. Recientemente ha participado en Bruselas en un encuentro contra la OTAN y ha aprovechado la visita para realizar una gira por varios países europeos, entre ellos Euskal Herria de la mano de Iratzar Fundazioa.

Defiende que es necesario organizar un partido de izquierdas en EEUU y que esa necesidad es incluso más apremiante ahora que hace 50 años.

Hablamos de un partido negro de izquierdas. Es necesario que los distintos pueblos y sectores tengan un partido propio, de izquierdas, que luche por sus derechos. Es necesario que luego esas luchas converjan, pero es imposible hacerlo sin que cada uno de ellos tenga un partido propio. Los vascos podéis entenderlo muy bien. Se han formado uniones entre partidos que no tienen por qué pensar exactamente lo mismo. Por varias razones, hay más de un partido. Los intereses de unidad del movimiento son en estos momentos más importantes que los intereses partidistas. Es necesaria una unión basada en intereses comunes, pero sin que nadie imponga sus intereses sectarios. Desgraciadamente, en EEUU no hemos sido capaces de lograr esta unión en los últimos 50 años. Existen limitadas oportunidades para una coalición de izquierdas, pero no se ha logrado. Las fuerzas se han agrupado en torno al centroderecha. Hay gente que miente y dice que los liberales y el Partido Demócrata son de izquierdas, pero no lo son. Incluso aunque hablemos del ala liberal o de izquierda del Partido Demócrata. Y hay mucho grupo que se llama de izquierdas que está siendo atraído por el Partido Demócrata. ¿Cuál es la diferencia actualmente entre el Partido Comunista de EEUU y el Partido Demócrata?

¿Son parte del sistema en vez de parte de quienes defienden una alternativa?

Así es. La gente lucha contra la corrupción, pero vemos que en Sudáfrica hay un sistema corrupto, extremadamente corrupto. Las condiciones de vida de la gente han empeorado desde la independencia. Está cerca de ser un régimen colonial. Las fuerzas corruptas negras lideran. Hay millonarios negros que no hacen nada por las masas populares, nada. En un sistema basado en la corrupción, aunque tenga el visto bueno de los llamados izquierdistas. Y este es un problema que los grupos de izquierda tienen en muchos países del mundo. Parte del problema es que las fuerzas de izquierda no tienen fuerza suficiente para plantear alternativas. No hay fuerza, no hay recursos, no hay organización, el sindicalismo es cada vez más reaccionario. Hay un auge del individualismo, pero no es real, porque no existen opciones verdaderas entre las que elegir. Se puede sacar a millones de personas a las calles, pero no hay un movimiento que defienda la revolución. ¿Qué clase de izquierda es esta? Nosotros somos panafricanos, no estadounidenses. Somos africanos que vivimos en EEUU. Sucede como con los vascos. Algunos viven en el Estado español. Están en España, pero ustedes no son españoles. Nos piden que les llamemos vascos. A nosotros nos llaman estadounidenses a pesar de que formamos parte de un movimiento nacionalista. Nuestra lucha es por mantener nuestra identidad, nuestra personalidad. Se presenta la cuestión como un problema racial de manera interesada. No es un problema racial, no es un problema religioso somos una nación. La islamofobia no es racismo, porque va contra una religión no contra una raza. El islam no es una raza. Si hablamos de una religión, no puede ser xenofobia. Hay un confusionismo deliberado e interesado, especialmente por parte de las fuerzas sionistas. Si se habla mal de Israel se puede ir a la cárcel. Si se cuestiona el sionismo, se puede ir a la cárcel. Se puede apoyar cualquier otra lucha nacional que haya en el mundo. Se puede apoyar a Venezuela o a los vascos, pero no se puede criticar a Israel, no se puede denunciar al sionismo.

Cuando es evidente que es un estado que practica el apartheid.

Efectivamente. Es un estado racista. Incluso entre los judíos, no trata de la misma manera a los judíos europeos que a quienes no lo son. Es racismo y xenofobia. No apoyamos a ningún estado islámico y tampoco a uno judío. El Estado debe ser secular y todas las religiones, todas, estar al margen y ser respetadas. Lo que aparece en el Corán o en la Biblia puede ser correcto para su época, pero la tecnología ha avanzado. Pero a la vez el mundo está sumido en la pobreza. Estoy sorprendido de cuantos pobres hay en Europa. Pero los pobres de hoy en día no son lo mismo que en otras épocas.

Ha descrito a Barack Obama como «una cabeza negra en un sistema político blanco». Ha definido también a Donald Trump diciendo que «no es mejor, pero tampoco peor». En Europa se comenta mucho los problemas que está provocando la llegada de Trump, olvidan lo que Obama hizo durante su mandato.

Porque ven a Obama y a Trump como individuos. No los ven como representantes de una máquina política y económica. En el Gobierno de EEUU se elige al presidente, pero continúa el sistema a través del Gabinete. Con Trump ha emergido la corrupción. Se ha llegado a una situación en la que el consejero de Seguridad Nacional ha tenido que dimitir porque estaba muy próximo al embajador ruso. Las agencias de Inteligencia y el Departamento de Defensa han dicho abiertamente que no van a entregar a Trump algunas informaciones de Inteligencia porque no confían en él. Es algo absurdo porque Trump es el comandante en jefe y el presidente. Y, por tanto, es el jefe de las propias agencias de Inteligencia y del Departamento de Defensa. A Trump no le pueden despedir porque es el presidente. Tienen una crisis importante. Miembros del Partido Republicano están investigándole por sus negocios. En cualquier otro país, si un mandatario pierde la confianza de su partido está acabado. Esto no ocurre en EEUU. Se puede perder el apoyo del partido, el del Congreso, pero solo puede ser retirado del poder en determinadas situaciones. Se le puede obligar a dimitir, como sucedió con Richard Nixon. O se le puede hacer un «impeachment», como intentaron con Bill Clinton. Pero no podemos olvidar que Obama dio miles de millones dólares a los bancos para salvar al capitalismo.

Se ha mostrado muy crítico con las manifestaciones contra el nombramiento de Trump que se han registrado en Washington y otras ciudades de EEUU, señalando que muchas de ellas están financiadas por personas como George Soros.

La mayoría de ellas han recibido ese tipo de financiación. Quienes han salido a la calle a manifestarse básicamente son quienes perdieron las elecciones. Están enfadados porque técnicamente Hillary Clinton venció en el voto popular. Tuvo más votos populares que Trump. Pero el presidente no se elige mediante el voto popular, sino mediante el colegio electoral. La propia estructura electoral está pensada demográficamente y racialmente para mantener el sistema y es una herencia de los tiempos de la esclavitud. Han conseguido que el voto popular no sea realmente determinante. Lo importante es el colegio electoral y lo que cuenta es conseguir integrantes en cada estado. En algunos estados, si ganas por un solo voto consigues todos los miembros. En otros estados es representativo. No es uniforme. Lo que hay que hacer es calcular dónde hay que vencer. El voto popular no es más que una herramienta para conseguir el poder en el colegio electoral. No cuenta. En los tiempos de la esclavitud, cuando se redactó la Constitución, el número de integrantes del colegio electoral se estableció en función de la población de cada estado. Y para ello, un hombre negro, un esclavo, contaba como tres quintos de un hombre blanco. La consideración de tres quintos de un hombre blanco se empleaba también para calcular los impuestos y también para los electos en la Cámara de Representantes. Es una muestra del racismo institucionalizado.

Ha señalado que una de las maneras de combatir el racismo es que los blancos se den cuenta de quien les oprime realmente, la lucha de clases.

Somos víctimas del racismo, que nos explota como raza. Pero estamos también explotados como nación. Ustedes están discriminados por ser vascos. No es una cuestión racial, es una cuestión nacional. Igual que nosotros. Estamos en una lucha nacional. También hay opresión de clase, de género, de religión, de idioma, de edad. Es global. Por tanto, hay que luchar de una manera global más allá de los ámbitos sectoriales.