La siesta
Durante años me he preguntado qué significa la siesta y por qué se atribuye su invento a los españoles. La larga investigación ha puesto en mis manos unas primeras conclusiones que me gustaría que redondeasen los científicos. Yo creo que la siesta nace de cierto vacío de inteligencia que conlleva un deseo de muerte que resulta muy contagioso. Considérese el caso alemán, por ejemplo. Los alemanes han caído en el hábito de la siesta al quedarse sin filosofía y otras actividades intelectuales.
Dormir es una forma de morir a plazos. La muerte es magnífica. En primer lugar evita una verticalidad que resulta agotadora. Y facilita una delegación de la responsabilidad social en otros seres, como los caudillos, dictadores y otros animales. Los fascistas duermen la siesta con verdadero placer.
En segundo término la siesta excluye el trabajo mental, que se perdió para la futura España con la ruina de El Andalus y sólo se ha conservado en ciertas estirpes montaraces del norte, enclavadas en una naturaleza aún libre. En su conjunto el mundo actual sólo admite a los frenéticos del poder. He concluido tal cosa al comprobar que la inteligencia dejó de funcionar eficazmente en el largo el periodo que va de Diógenes a Woody Allen.

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