Víctor ESQUIROL
T2: TRAINSPOTTING

20 años adictos: Renton, Begbie, Spud, Sick Boy y otros chicos del montón

Ahí estaba Mark Renton, luciendo la que seguramente fuera la primera sonrisa sincera de toda su vida. Acababa de dar el golpe de su vida... y a sus amigos, un palo que jamás podrían olvidar. Sonaba de fondo el “Born Slippy” de Underworld y la voz en off del protagonista nos deleitaba con el enésimo monólogo sobre las elecciones que marcan nuestra existencia. Era el año 1996 y así concluía “Trainspotting”, uno de los grandes hits cinematográficos de aquella época. Momentos antes, por cierto, el bueno de Renton se había sumergido, literalmente, en un océano de heces. Su enésimo chute de heroína había caído en lo más profundo del retrete más infecto de Edimburgo, y esa era una pérdida que aquel joven colgado no estaba dispuesto a asumir.

Más de veinte años después, en 2017 para ser más exactos, Renton se ve en una situación más o menos parecida. El local en el que se encuentra ahora está muy cerca de cumplir las condiciones de higiene mínimas de cualquier país desarrollado... y aun así, el tipo decide que esta vez no va a zambullirse en la mierda, que a lo mejor ya es un poco mayor para esto, que ya no está el cuerpo para estas locuras.

Y sí, así están las cosas. Veinte años después de aquel chapuzón, Danny Boyle, director de la cinta, ya ha conquistado la industria hollywoodiense inflándose a Óscars con “Slumdog Millionaire”, Ewan McGregor puede poner en su CV que ha protagonizado “Star Wars”, Jonny Lee Miller se ha apuntado a la fiebre de las series televisivas, Robert Carlyle se ha erigido en nombre imprescindible de la maquinaria fílmica inglesa y Ewen Bremner... bien, ha convertido su careto en la marca oficial de la white trash británica.

Con esta –dolorosa– duda existencial llega la esperada (o temida) segunda entrega de “Trainspotting”: ¿Lo radicalmente diferente se habrá convertido en mero postureo?