Amaia U. LASAGABASTER
DESDE LA GRADA

El Eibar apura para llevarse una recompensa merecida

Nunca hay que dar por muerto al Eibar. Lo volvió a demostrar anoche en Anoeta, con un gol en el descuento que le daba su primer punto en Anoeta desde que llegó a Primera y que premiaba su buena actuación. Poco faltó para que quedara sin recompensa, en un choque claramente marcado por la actuación de Undiano Mallenco. Porque en el derbi entre guipuz- coanos el peor fue, indudablemente, un navarro.

Es imposible obviar al colegiado en el análisis del encuentro. Repartió errores, pero fueron especialmente decisivos los que cometió contra el Eibar, ya fuera la mano de Yuri en el área, a siete minutos del descanso y con empate en el marcador, o la expulsión de Florian Lejeune, cuando no había transcurrido el primer minuto de la reanudación, que vio la amarilla en una acción que incluso era discutible como falta. Juanmi se fue a la calle poco después pero un penalti –una acción en la que al menos acertó el árbitro– permitió adelantarse de nuevo a la Real frente a un Eibar que, ya desquiciado, parecía incapaz de volver a responder. Pero este equipo navega con el viento a favor y, en la que fue prácticamente su única ocasión en el segundo tiempo, con los noventa reglamentarios sobrepasados, Pedro León salvó el punto.

Un resultado que se había visto posible, e incluso corto, en la primera parte. Porque hasta que Undiano le metió la puntilla con la expulsión de Lejeune, el Eibar había sido superior a su rival. Mendilibar alineó un once inédito, con pocas novedades en la lista –Luna, Rivera y Peña por el sancionado Capa, Adrián y Enrich– pero con cambios significativos. Por la inesperada ausencia, aunque ambos habían acabado tocados el partido contra el Málaga, de sus dos máximos goleadores y por el trivote en el centro del campo, que sólo había utilizado antes en el Santiago Bernabéu. Le funcionó. Maniató a la Real y, pese a encajar pronto, siguió a lo suyo para empatar y verse superior. Pero supo trasladarlo por completo al marcador y a punto estuvo de lamentarlo. Por suerte, solo lo hizo a medias.