Es oro todo lo que reluce

N uestra cartelera, caprichosa donde las haya, ha querido que en la misma semana coincidan dos de las ausencias apriorísticamente más sonadas en los últimos Óscar. Y es que hará un año, más o menos por estas mismas fechas, los expertos iban desempolvando sus respectivas bolas de cristal para ir rellenando ya las quinielas de los siguientes premios de la Academia. En casi todas las predicciones aparecían “El fundador” y “Gold, la gran estafa”, dos títulos que, tanto por temática como por ficha artística, tenían todos los números para amasar galardones y reconocimientos... Solo que al final, no.
Ataquemos aquí el segundo caso. ¿Qué nos propone y qué ofrece al final? Por partes. El nuevo trabajo de Stephen Gaghan (director de “Syriana”, película imprescindible para entender el nuevo orden geopolítico global) olía a oro. Literalmente. Así lo refleja su título y, claro está, su historia. La acción gira en torno a Kenny Wells, alter ego semificcionado de David Walsh, afamado prospector canadiense y una de las piezas centrales del escándalo Bre-X, que en los 90 puso patas arribas el sistema financiero mundial, convenciendo a doctos y profanos de que todo lo que relucía podía ser efectivamente oro.
Pinta bien, más aún cuando a dicho proyecto se añaden nombres tan potentes y prometedores como los de Matthew McConaughey o Edgar Ramirez. Entonces, con esta alineación de astros a su favor, ¿por qué desaparece dicha película de los radares? Básicamente por no saber plasmar en la pantalla lo claras que tiene las ideas sobre el papel. Por ser un producto que tanto en la aventura como en la denuncia se intuye muy por debajo del potencial que le ofrece la materia prima con la que trabaja. Por no escapar jamás de la sensación de que nos es más que un hermano –muy– menor de “El lobo de Wall Street”.

Martxoaren 3ko biktimen aurka jo du Gasteizko gotzainak: «Tentsioa dago»

Los kurdos lo pierden todo contra Damasco

«Xeberri eta biok hiru kantaldi egun berean egitera iritsi ginen»

Israel exhibe su impunidad en los escombros de la Unrwa en Jerusalén
