Estética refulgente, básica y sobresaliente
Probablemente la noción de belleza, lo artístico, aquello que excede la realidad, lo codificado y adquiere otra categoría se forma en el juego de las neuronas, espejo de cada espectador, pero debe tener algo fuerte, concreto, inquietante que reflejar que nace en otras neuronas de los creadores que se conjugan con imaginación, duda, determinación y unas gotas de esencia de talento. En esta obra el espacio, la luz, la música, el silencio y el movimiento forman un conjunto de figuras móviles, de sensaciones herméticas, de discursos escénicos que traducimos en diferentes claves interpretativas, pero que siempre nos hacen sentirnos partícipes de un acto performativo sensitivo que viene de una idea previa muy consolidada, que consigue expresarse en una gama cromática del blanco al gris, pasando por un amarillo estigmatizado que nos deja en suspenso, a través de cuerpos, danzas, coreografías, estados de luz y sonido, que atraviesan la limpieza de un espacio escénico que propone un campo aparentemente nítido cargado de significaciones bien aprovechado. Es decir, un magnífico espectáculo, de gran calidad.

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