Iratxe FRESNEDA
Periodista y profesora de Comunicación Audiovisual

Luciérnagas en Ataun

Entiendo la sororidad como el vínculo de colaboración y respeto entre mujeres, la solidaridad, la empatía y, porque no, el cariño, que nunca está demás. No se trata tanto de restar, ni de pasar lista, ni de crear frases en las que se incluya la terrible palabra decepción. Simplemente, creo, sinceramente, que se trata de celebrar la sororidad cuando se da, llega e ilumina situaciones cotidianas. A veces se produce en contextos desconocidos, entre mujeres desconocidas, me cuesta describir lo que se siente entonces. En ocasiones, “fallamos”, sí, pero insisto, se trata de sumar cuando sucede y, si se puede, provocar que suceda.

Desde que la película “Irrintziaren Oihartzunak” inició su recorrido, ha habido mujeres en el camino que han hecho posible su singladura, que aplicaron los principios de la sororidad desde su gestación. Después se han sumado muchas, muchísimas, apoyando un proyecto que busca la visibilidad de la obra de la cineasta de Iruñea Mirentxu Loyarte. Son y somos muchas, y la sororidad ha surgido en el camino, en cada pase, cada proyección ha estado acompañada de pequeñas sorpresas que llegaban desde visiones distintas, desde distintas mujeres. Esta semana hemos visitado Ataun y allí volví a comprobar, junto a un grupo de mujeres muy variopinto, que la sororidad existe y que a pesar del cansancio y los kilómetros recorridos, a veces se llega a lugares-lugares en los que la sororidad se respira y se aprende. «¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar la noche?/El tiempo nos ha vaciado de fulgor./ Pero la oscuridad/ Sigue poblada de luciérnagas». (“Luciérnagas”, Gioconda Belli).