Dependencia oscura
La derrota sufrida ante un Fillon al que subestimaba y un Juppé al que menospreciaba, llevó a Nicolas Sarkozy a ensimismarse y a culpar a jueces y prensa de su destino. Su futuro político dependía de una victoria que, tras los sucesivos encausamientos judiciales, no podía darse. Tras asegurar que jamás volvería a la política, se ha sabido que la multinacional hotelera francesa AccorHotels le ha hecho un hueco en su consejo de administración con el que complementar sus humildes emolumentos como miembro del Consejo Constitucional.
El fichaje es acertado, ya que con tanto viaje realizado por todo el globo, la experiencia hotelera del expresidente debe de ser impresionante. Sus últimos destinos han sido Barcelona y Moscú. El primero, para asistir al Camp Nou, de cuya tribuna fue expulsado tras el gol de Cavani tras gritar «Hala Madrid». El segundo, para entrevistarse con Putin, seguramente para tratar sobre el porvenir turístico de Siberia. Antes, se aseguró de colocar a sus ordenanzas junto a Fillon, no se sabe si para servirlo o para lanzarlo por el hueco del ascensor.
Los analistas franceses dudan del regreso político de Don Nicolas, como ya empiezan a llamarle, pero saben que jamás dejará la política. Las dependencias del poder son más y más grandes, y de seguro más oscuras, que las de todos los hoteles del mundo.

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