La supervivencia, ese poema visceral
E n un antiguo palacete segoviano que se cae a pedazos, malvive Amalia, una mujer curtida en el duro y poco agradecido arte de la supervivencia. Su día a día transcurre entre los gruñidos de su estómago y la compañía de una serie de extraños personajes, entre ellos una gallina que cumple las funciones de único garante alimenticio. Esta peculiar familia se verá ampliada, de un día para otro, cuando la protagonista de la función cruce sus pasos con los de un vagabundo al que el mundo civilizado ha dado por loco.
La nueva película de Rafael Gordon es una extraña mezcla entre realismo mágico y poesía visceral, cóctel potencialmente explosivo no demasiado alejado de iluminados de la talla de Alejandro Jodorowsky. Entre un hemisferio y el otro encontramos la imponente presencia de una Isabel Ordaz que, al igual que el personaje al que interpreta, se las ingenia para sobrevivir a la precariedad que la rodea. No solo esto, sino que además consigue erigirse en justificación más que suficiente para un conjunto que en líneas generales, canta demasiado por la sospecha de que a lo mejor está confundiendo la libertad (en las formas, en la expresividad...) con la dejadez.

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