Los campeones olímpicos salieron rana
D esde el casi prehistórico año 2013 nos llega uno de esos muchos títulos de animación que parecen destinados al olvido... o a ser rescatados, en algún punto indeterminado del futuro, por el –turbio– sistema de distribución y exhibición cinematográfica estatal. Este es el caso de “El reino de las ranas”, colaboración productiva entre China y los Estados Unidos, suerte de fábula que gira en torno a unos Juegos Olímpicos cuyo vencedor se convertirá en el marido de la deseada princesa del reino de las ranas.
Tanto la historia como su presentación responden a los cánones del cine infantil. El objetivo es pues ser fácilmente digerible y atractivo a la vista. Ser también divertido para el público más joven... y mínimamente agradecido para el adulto. Nelson Shin y Melanie Simka, directores de la cinta, se esfuerzan en cumplir todos estos objetivos, pero salta a la vista que están demasiado limitados. Tanto a nivel de producción como, sobre todo, de inspiración artística. Con respecto a la técnica, la animación está sensiblemente por debajo de los estándares de los grandes títulos del género. A nivel narrativo, la historia se resiente en exceso del caos con el que se raciona un sentido del humor que en ocasiones se antoja demasiado ajeno.

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