Rave
El martes pasado el conocido DJ Paul Oakenfold animó la “fiesta más elevada de la Tierra”, presentando su show en el campo base nepalí del Eve- rest, a 5.380m, el primero de una serie, SoundTrek, cuyo objetivo es «llevar la música electrónica de baile a lugares remotos y desafiantes del planeta, y a la vez aumentar la conciencia ambiental y la interacción con las culturas y organizaciones caritativas locales», vamos, todo un programa digno de un gobierno ya sea en minoría o en coalición. Demasiado, por las imágenes, para una escuálida rave de unas decenas de personas enfundadas en sus chaquetas de pluma, moviéndose con esfuerzo, intentando convencerse de que se han venido arriba y disfrutan a más no poder. Estamos hechos así. Para ahora también se habrán presentado en Grenoble las actividades alpinas más destacadas del año, los Piolet de Oro, los Oscars de la montaña, acompañado ¡ay! de un simposio sobre la cuestión de la veracidad de las ascensiones que se declaran, y la necesidad de una exigencia de pruebas incontrovertibles, en un contexto marcado por el profesionalismo y la presión de los patrocinadores, es decir, del dinero. En el menú, entre otros, la credibilidad del “piolet de oro” Ueli Steck y sus solitarios ascensos al Annapurna y Shisha Pangma, donde seguramente va a haber más meneo que en la rave everestiana, dada la fama del cuestionado y la beligerancia de alguno de los cuestionadores. Que sea entretenido.

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