Gran cineasta; mejor cinéfilo

Asentado en el invierno de su vida y de su carrera, Bertrand Tavernier se concede el lujo de tomarse un –merecido– descanso. El cuerpo cada vez le responde menos y las visitas al hospital aumentan de manera exponencial, de modo que se detiene, respira y echa la mirada hacia atrás. A la hora de ejecutar un gesto tan sencillo y aparentemente relajado como este, se delatan sus manías de adicto al trabajo; de persona inagotable que busca, de forma más o menos consciente, consumirse por su propia pasión.
“Las películas de mi vida” es, en apariencia, un documental sobre la historia del cine francés (tal y como insinúa su título original), pero sobre todo, es un completísimo manual del buen cinéfilo. A lo largo de más de tres horas, Tavernier se sienta delante de la cámara, y con los ojos iluminados, repasa cronológicamente cada realizador, actriz, productor, guionista y título fundamental para entender la que, precisamente, es la más fundamental de todas las cinematografías.
Jean Vigo, Marcel Carné, Catherine Deneuve, Jean-Luc Godard... son solo algunos de los compañeros de travesía. Quien lleva el timón es el más experimentado de los capitanes. Dígase así: uno de los mayores gourmets del celuloide que nos haya dado jamás la historia. La emoción y conocimiento con los que Tavernier comenta los films de su vida, se transmiten con tanta facilidad que estas terminan siendo nuestras. A veces, las películas se reducen a esto. Fuera artificios, fuera virguerías en el montaje, fuera acompañamientos musicales. Solo se requiere un teleobjetivo y una persona capaz de sostener su mirada. Nada más. Entre emisario y receptor, el vínculo más poderoso de todos: el séptimo arte, potenciado este, como decíamos, por el cinéfilo perfecto. Alguien que no solo devora películas, sino que además las digiere, las ama... y que nos invita a pasar por el mismo proceso.

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