EL ENCIERRO DE LA VILLAVESA, FESTIVO Y MULTITUDINARIO
EL ENCIERRO DE LA VILLAVESA PROLONGÓ LOS SANFERMINES Y DESPIDIÓ DE FORMA NO OFICIAL LAS FIESTAS JUNTO AL CALLEJÓN DE LA PLAZA DE TOROS ENTRE CÁNTICOS DE «POBRE DE MÍ» Y «SAN FERMÍN, SAN FERMÍN». MÁS DE 2.000 JÓVENES PARTICIPARON EN UNA «CARRERA» QUE FUE LENTA PERO SEGURA, YA QUE NO SE PRODUJERON INCIDENTES.

El Encierro de la Villavesa comenzó con unos minutos de retraso, debido a que el mozo ataviado de Indurain no apareció junto a la hornacina de San Fermín hasta las 08.05 horas. El mocerío aguantó la espera pacientemente, sin prisas, apurando los últimos tragos de la fiesta y comentando los momentos vividos en la noche festiva.
Poco después «Indurain» descendió hacia los corrales de la cuesta de Santo Domingo como buenamente pudo, ya que la bicicleta, la mítica Espada, no frenaba bien. Cinco minutos más tarde pudo comenzar la «carrera» ayudado por mozos y pastores, porque una de las ruedas estaba bloqueada.
Llevado casi en volandas, este peculiar morlaco llegó junto a la hornacina donde se coloca la figura de San Fermín, sustituida para la ocasión por un mozo que se había encaramado en su interior ataviado a la usanza del santo y con una banderola que decía ‘‘Utzi Altsasu pakean’’. Este mozo descendió entonces y se unió a la «manada», que continuó hacia la Plaza del Ayuntamiento tras superar un montón que se había formado en mitad de la cuesta de Santo Domingo.
La banderola de ‘‘Utzi Altsasu pakean’’ pasó a la espalda de «Indurain», que continuó la marcha precedido por la pancarta de la peña Anaitasuna y muchos camareros de los bares de Alde Zaharra, que se unieron a la fiesta tras nueve días de intenso trabajo. Mientras el personal de limpieza se afanaba en intentar adecentar las calles y plazas, el gentío continuó por Mercaderes y Estafeta a paso lento y llegó al callejón de la plaza de toros a las 08,27 horas, invirtiendo un tiempo de 17 minutos en este peculiar acto.
Un cohete anunció el fin de la carrera, pero cientos y cientos de jóvenes seguían resistiéndose a dar por finalizada la fiesta y continuaron allí entre gritos de «Pobre de mí» y «San Fermín, San Fermín».

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