Putin cabalga en campaña sobre el recuerdo de la épica de Stalingrado
Rusia conmemoró los 75 años de la épica victoria soviética en la batalla de Stalingrado, que marcó el inicio del fin del nazismo, y persiste como símbolo del recobrado orgullo y el patriotismo que encarna el presidente, Vladimir Putin, en campaña por un cuarto mandato.

El presidente ruso, Vladimir Putin, visitó ayer el memorial de Stalingrado con ocasión del 75 aniversario de la victoria en la batalla que cambió la suerte de la Segunda Guerra Mundial.
«El destino de la patria, de todo el mundo, se decidió entonces en Stalingrado. Aquí surgió el carácter indestructible de nuestro pueblo, que luchó por cada casa, por la vida de sus hijos», afirmó Putin, quien insistió en que ese acto de resistencia, la capacidad de sacrificio y la fortaleza espiritual del pueblo ruso fueron «auténticamente invencibles, insuperables, incomprensibles y terribles para el enemigo» alemán.
Tras varios actos protocolarios, el inquilino del Kremlin asistió al desfile militar conmemorativo en Volgogrado, nombre actual de Stalingrado, en el que participaron unos 1.500 soldados, algunos vestidos con uniformes de la contienda mundial, y se exhibió armamento pesado.
En julio de 1942, la ciudad estaba a punto de caer en manos de los nazis, por lo que Moscú tuvo que movilizar a cientos de miles de reclutas imberbes.
La ciudad de poco más de medio millón de habitantes prácticamente desapareció de la faz de la tierra debido a los bombardeos alemanes y en sus calles y en sus alrededores perecieron más de dos millones de personas. El sitio de Stalingrado duró la friolera de 900 días, desde el 8 de setiembre de 1941 hasta que el 2 de febrero de 1944, una veintena de generales alemanes con el mariscal de campo Friedrich von Paulus a la cabeza se rindieron al Ejército soviético.
El 2 de febrero es una fecha grabada a sangre y fuego en Rusia. Más ahora en que el patriotismo panruso se ha convertido en la ideología del Estado.
En pleno repunte de la Guerra Fría, el Kremlin necesita de símbolos como el de Stalingrado para convencer de que Rusia es capaz de vencer, tarde o temprano, a sus enemigos. Y si es durante campaña electoral, tanto mejor.
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