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brasilia

La falta de agua podría desplazar a 700 millones de personas

La falta de agua se ha vuelto el fantasma que amenaza a 2.500 millones de personas –un tercio de la población mundial– que viven en zonas marcadas por la escasez, lo que podría provocar hasta 700 millones de desplazamientos forzosos antes del año 2030.

Para el año 2050, al menos una de cada cuatro personas vivirá en un país donde la falta de agua será un problema crónico o recurrente. Hoy por hoy, el 40% de la población mundial está ya afectada por la escasez de agua y hasta 700 millones de personas están en riesgo de verse desplazadas por ese motivo de aquí a 2030. Más de 2.000 millones de personas no tienen acceso en sus residencias y los niños de los países más pobres del planeta dedican 200 millones de horas anuales a buscarla y llevarla en cubos hasta sus casas. Más de 4.500 millones carecen de servicios de saneamiento adecuados y cada día mueren 1.000 niños en todo el mundo a consecuencia del agua contaminada. Por eso, sin una gestión efectiva de los recursos hídricos hay riesgo de más tensiones entre comunidades y entre países.

Coincidiendo con el Día Mundial del Agua, la ONU ha puesto en marcha una década de acciones destinadas a evitar una «crisis global» de este recurso básico, uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el mundo, y que se basa en transformar los distintos ámbitos de la gestión del agua, alinear los programas existentes con los objetivos de desarrollo y generar voluntad política para una mayor cooperación. «Simplemente, el agua es una cuestión de vida o muerte», recalcó el secretario general de la ONU, António Guterres.

La ayuda oficial para el desarrollo centrada en el agua ha aumentado y en 2015 ya sumaba 8.600 millones de dólares, un 67% más que una década atrás. pero las organizaciones sociales coinciden en que no es suficiente y hay que doblar la inversión en infraestructuras en el próximo lustro. No en vano, la demanda global crece en torno a un 1% y puede aumentar.

En Brasilia se celebra estos días el Foro Mundial del Agua, al que el Movimiento de los Sin Tierra (MST), uno de los grupos sociales más activos del país, acusa de estar negociando la privatización de este recurso básico. Para denunciar «la entrega del agua (de Brasil) a las corporaciones internacionales» promoviendo «mesas de negociaciones con presidentes de Nestlé o Coca Cola» que se disfrazan con un «marketing de sostenible» para engañar a la gente, activistas sociales ocuparon ayer instalaciones de Coca Cola en los alrededores de Brasilia como ya habían hecho con una planta de agua mineral de Nestlé en Minas Gerais.

Según los manifestantes, ambas empresas negocian con el Gobierno brasileño la posible compra de importantes acuíferos, lo que ha sido desmentido en forma tajante por ambas compañías.

Según se ha constatado en este foro, desalinizar agua de mar a gran escala o captar humedad de la atmósfera son dos alternativas que pueden volverse realidad pronto, pero no resolverán la crisis global del agua potable, como tampoco lo hará una racionalización del uso del agua en la agricultura.

Ni perros ni gatos pueden beber agua en Gaza

Desde hace meses, el palestino Salim Miqdad, de 42 años, y dos de sus hijos, recorren medio kilómetro con tres cubetas de plásticos que rellenan cada una con 18 litros de agua de la desalinizadora local del campo de refugiados de la playa, Shati, en el oeste de Gaza capital.

«Desde hace tiempo, el agua que sale por el grifo de casa se ha vuelto gradualmente salada y nadie en la familia puede beberla, ni usarla para cocinar o para preparar té o café», explica a Efe Miqdad: «Ni los gatos ni los perros del vecindario pueden beberla», sentencia.

El padre de esta familia de nueve miembros cuenta que el agua corriente solo puede usarse para baños y para lavar platos y ropa porque la que necesitan potable para consumir hay que comprarla y supone un gasto de 100 séqueles al mes, de un salario de 400 séqueles.

Los expertos coinciden en que la Franja de Gaza está en riesgo de quedarse sin agua potable en los próximos meses, debido al aumento de la contaminación en un 97% que ha despertado temor entre la población por la propagación de enfermedades graves. El agua del mar del enclave registra un 73% de contaminación y los casos de diarrea entre menores de tres años han crecido un 80%.

Miqdad no es el único en la Franja que se queja de esta crisis; los más de dos millones de personas del enclave palestino, bajo bloqueo israelí desde 2007, están afectados por la falta de este recurso básico.Saud Abu RAMADÁN