Arranca el largo pulso entre los sindicatos de la SNCF y el Gobierno
La primera de las 36 jornadas de huelga, salteadas de aquí a finales de junio, en los ferrocarriles franceses comenzó ayer con un fuerte impacto en el transporte en lo que supone un jaque a las reformas del presidente, Emmanuel Macron.
Solo uno de cada ocho trenes de alta velocidad (TGV) estaban programados para ayer y la misma proporción en el resto de los convoyes de largo recorrido, a causa del paro convocado por los sindicatos de la SNCF.
En Ipar Euskal Herria el seguimiento de la huelga ferroviaria también fue masivo y, además, y coincidió con un paro parcial en el aeropuerto de Biarritz, donde se suspendieron algunos vuelos.
Contra el decretazo
El origen de esta huelga, que se materializará durante dos días seguidos de cada semana, es la reforma del sistema ferroviario lanzada por decreto por el Gobierno de Macron. En particular, la medida más criticada es el fin del estatuto laboral particular de los cheminots con vistas a la apertura de la competencia de las líneas, empezando por el TGV en el año 2020.
El Gobierno francés dijo estar dispuesto a negociar, pero también que aguantará ante una protesta que los sindicatos anunciaron que será «dura», precisamente, por la actitud del Ejecutivo.
La ministra de Transportes, Elisabeth Borne, afirmó, sin dar nombres, que «algunos quieren politizar el debate» con afirmaciones falsas como que la reforma conducirá a la privatización. «La SNCF es una empresa pública y seguirá siendo una empresa pública», subrayó en una entrevista al canal BFMTV. Y justificó la supresión del estatuto laboral especial como «una cuestión de igualdad».

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