Una secuela que llega diez años después sin que su éxito se haya visto mermado

Han pasado ya diez años desde que Dany Boon se hiciera mundialmente famoso con su exitosa comedia localista “Bienvenue chez les ch’tis” (2008), y que distribuida como “Bienvenidos al norte” resultó ser la película más influyente en la producción europea, generando una serie de imitaciones en otros tantos países. Parece ser que el fenómeno solo se le ha resistido a Hollywood, donde no saben cómo encajar lo de los tópicos culturales y los acentos geográficos. Pues bien, el caudal no se detiene, porque llega la secuela oficial estrenada en el mercado francófono con más de cinco millones de espectadores y el título original de “La ch’tite famille”, y aquí bajo la acepción lógicamente continuista de “Mi familia del norte”.
Ese norte al que tanto se alude sigue siendo Nord-Pas-de-Calais y la ciudad de Lille, pero la acción se traslada a París, porque allí es donde vive el protagónico Dany Boon. En la capital ejerce como arquitecto y diseñador de interiores triunfador, por lo que oculta sus orígenes a los medios, fingiéndose huérfano. Todo hasta que su familia “ch’ti” aparece en la ciudad de la luz con motivo de la retrospectiva que el Palacio de Tokio dedica al artista de moda.
A fin de liar todavía más el consiguiente enredo, la llegada de los malhablados norteños va a coincidir con la amnesia del atribulado protagonista a resultas de un accidente, por lo que la momentánea pérdida de memoria le hace retroceder a su juventud, cuando se expresaba con el cerradísimo acento de su tierra natal. Con tal de no perder su estatus de golpe y porrazo tendrá que someterse a una reeducación y, sobre todo, al tratamiento de un logopeda para que pueda hablar comme il faut. Pierre Richard hace del padre, Line Renaud de la madre, Guy Lecluyse del hermano, Valérie Bonneton de la cuñada y François Berléand del suegro.

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