14/05/2018

La realeza de la ficción

Acercándonos al ecuador de esta 71ª edición, Cannes alcanzó definitivamente la velocidad de crucero. Sin apenas tiempo para respirar entre sesiones, empalmamos la proyección de tres nuevas candidatas a la Palma de Oro: Eva Husson, Alice Rohrwacher y, para no faltar a las costumbres, otra gran ausencia.

Si empezamos con la imposibilidad de Kirill Serebrennikov, seguimos hoy con uno de los grandes símbolos del cine más combativo. El iraní Jafar Panahi, en reclusión forzada desde hará ya una década por incomodar a la clase política de su país, consiguió que otra de sus películas esquivara las barreras de la censura. “Three Faces”, que así se titula la propuesta, volvió a situarse, como en los mejores momentos de su filmografía, en la finísima barrera que separa la ficción de esa otra ficción a la que llamamos realidad.

Tras recibir en su teléfono móvil una brutal grabación de una adolescente pidiendo auxilio poco antes de quitarse la vida (o eso muestra el vídeo), Jafar Panahi, interpretándose a sí mismo, se dirige a la aldea de esa chica. La necesidad de llegar hasta el fondo de este misterio pixelado nos lleva a una ruralidad en la que se ha impuesto, por fuerza absoluta, la barbarie.

Panahi y la actriz Behnaz Jafari se enfrentan así a un colectivo con virulenta alergia a cualquier factor diferencial al que se le ocurra elevar la mediocridad generalizada. Valiente y por ello muy reivindicable defensa de la figura del artista, bendecido y condenado por la misma (sin)razón. Igualmente estimable denuncia que entiende que el cine es ese artificio que, bien empleado, puede ser el grito de socorro más efectivo.

El nivel siguió alto, como cabía esperar, con Alice Rohrwacher. Después de la deslumbrante “El país de las maravillas” (Gran Premio del Jurado en 2014), la italiana regresó a la Competición con “Lazzaro Felice”, sorprendente, pero sobre todo desconcertante (más para bien que para mal) ejercicio continuado de «neorrealismo mágico».

De vuelta a la vida en el campo, la joven cineasta dibujó un ecosistema muy similar al de “Los santos inocentes”... y al poco rato, lo borró para transformarlo en una aventura de supervivencia urbana. Poco después, jugó con la iconografía cristiana para insinuar el biopic de un santo moderno. A los treinta minutos (y aún quedaba hora y media de metraje) nos invadió la mágica (y algo angustiosa) sensación de que a cada corte nos encontraríamos en un sitio, una compañía y un tiempo totalmente distintos. Milagro que, por lo visto, ahora mismo solo está al alcance de esta realizadora sin duda tocada por una mano divina.

A última hora, tuvimos que lamentar la entrada a concurso de “Les filles du soleil”, de la infame Eva Husson. Cuando creíamos que esta directora no podía ir a peor después de “Bang Gang”, su ópera prima, consiguió hundirse aún más. Lo hizo con un drama bélico dedicado a ensalzar a las guerrilleras kurdas. Intenciones nobles, en apariencia, embrutecidas por las malas artes sensibleras de alguien sin aprecio alguno por la realidad... y por esto, condenada a vivir en la más ofensiva de las ficciones.