15/05/2018

Raimundo Fitero
Mercero

Para los que llevamos muchos trienios sentados frente al electrodoméstico esencial hay nombres que nos justifican nuestra constancia y persistencia. El guipuzcoano Antonio Mercero es uno de ellos. De él son algunos de los momentos televisivos más relevantes del siglo pasado en las televisiones españolas. El hito, la obra maestra, la que le coloca fuera de toda calificación ordinaria es “La cabina”, un mediometraje protagonizado por José Luis López Vázquez en la que un hombre se queda encerrado en una cabina telefónica de aquellas que existieron durante décadas en nuestras calles y plazas, y en las que había hasta colas para poder hablar con familiares, amigos o trabajos. Aquel hombre encerrado, sin poder salir, la intervención de obreros para desenganchar la cabina, su traslado hacia algún lugar era una metáfora de aquel momento histórico de franquismo opresor y agobiante. Pero si existe una serie mítica con personajes míticos que todavía hoy se recuerdan y ocupa minutos de programación es “Verano Azul”. Chanquete forma parte de la memoria sentimental de millones de conciudadanos. La muerte del personaje resultó una conmoción general. Era un relato de tarde de domingo, donde se establecían valores positivos entre varias generaciones. En su paso a las privadas, en Antena 3 arrancó con otro hito, “Farmacia de guardia”, una serie de larga duración, una esquina de una calle de barrio, la vida que sucede en una botica de esta especie. Allí, además, se formaron guionistas recién llegados que han acabado siendo referentes del audiovisual. Mercero, por esto y por tantas películas, fue un Gran Maestro. Sencillo, trabajador, solidario. Fue Álex de la Iglesia quien siendo presidente de la Academia del Cine le dio un Goya honorífico cuando ya empezaba el Alzheimer a comerle la memoria. Y acabó comiéndole la vida.