17/05/2018

Raimundo Fitero
Europeos

Cada día emborrono dos o tres folios con apuntes previos para escribir estas impresiones que antes llamábamos catódicas (¿te acuerdas?), sobre lo que nos ofrecen en nuestra pantalla totémica, la grande, la del salón de estar, que siempre suena a espectáculo, lo que se complementa con mis otras tres pantallas llenas de alertas y avisos de grupos, medios de comunicación y redes que me colocan unas horas diariamente al borde de la asfixia informativa.

Cuando llega este momento, el de elegir entre lo apuntado, cada vez siento más el vértigo de la incertidumbre. Si no hablo de una serie vieja, si no hago un obituario, si no analizo una nueva propuesta de algún canal, la inestabilidad es absoluta. Existe un tsunami constante de noticias locales, regionales, continentales, de civilización y de planeta que, sabiendo que están codificadas, medidas, seleccionadas, me soliviantan y no sé si salir a comprar una libra de clavos y un formón o prepararme un vermú.

Los tribunales de justicia europeos nos van a solucionar algún problema, van a dejar a las claras que el ultra Llarena es un alucinado, un juez que inventa, fabula, copia y pega informes delirantes de la Guardia Civil y que hace de manera elocuente el ridículo europeo. Es el campeón de la contaminación entre los poderes. Cada día parece más claro ser un títere de la banda de M. Rajoy, un perfecto cuñado. Lo bueno es que es un inútil y mete la pata en cada considerando. Es el candidato ideal para Ciudadanos. Veo, escucho, interpreto la sobreactuación de ese antieuropeo por estética pija carpetovetónica llamado Pablo Casado, y me jugaría la carcasa de mi IPhone a que miente, que lo de sus estudios es de la categoría inmoral de lo de Cifuentes. Grita demasiado para tener razón. Y es el cínico más mentiroso del panorama político actual. Hay tema.