18/05/2018

Arde la Croisette

A falta de poco más de un día para el cierre de la Competición de la 71ª edición del Festival de Cannes, es de justicia para con su organización, celebrar que, pase lo que pase de aquí en adelante, esta habrá sido sin duda una de las mejores cosechas de los últimos años. Antes de que todo empezara a rodar, mucho se criticó al equipo de Thierry Frémaux por los pocos nombres llamativos (siempre a nivel mediático) que había conseguido congregar este año.

Solo que en realidad, como se ha visto, esta línea de programación permitió al certamen salir de la dictadura de los «sospechosos habituales», y abrir así la puerta a autores que pasearían sus nuevos trabajos por la Croisette, no por pedigrí, sino por méritos actuales. En estas volvió a manifestarse Lee Chang-dong.

El maestro surcoreano del melodrama rompió un silencio de ocho años con “Burning”, magistral adaptación de un relato breve de Haruki Murakami. La película, de más de dos horas y media, lució en todo momento como un prodigio de la puesta en escena (regalándonos la mejor secuencia en lo que va de festival) y de la inteligencia emocional. Tomando un triángulo amoroso como centro de gravedad, la propuesta basculó constantemente entre el drama romántico y el thriller detectivesco. Con el temple y la calma de quien sabe que no tiene que gritar para impactar, Chang-dong enfrentó, sacudió y agitó clases sociales. Todo esto mientras partía corazones. Un espectáculo, en serio. Un film casi perfecto, para una edición casi perfecta.

Después llegó el «sospechoso habitual» Matteo Garrone con “Dogman”, regreso a los inicios de su carrera. Una vez más, de lo que se trataba aquí era de convertir la crónica negra italiana en fábula sobre la condición humana... en las más inhumanas condiciones. Relato criminal sobre la lealtad y la posibilidad –remota– de la bondad en devastadores escenarios de miseria mayormente moral. Impactante pero sobre todo correcta en la ejecución; no tan inspirada a la hora de introducir nuevos apuntes en la filmografía de este autor.

Por último, en la Quincena de los Realizadores, vimos “Carmen y Lola”, debut de la bilbaina Arantxa Echevarría, un drama de amor lésbico en el seno de una comunidad gitana madrileña. Simple en el trazo y poco amiga de los matices, la cineasta mostró ligeros destellos de luz en la pureza de su reivindicación, y en la filmación de un romance que combate su propio status de tragedia con sinceros momentos de belleza. Virtud condenada a arder... para mayor gloria de la hoguera cannoise.