18/05/2018

Raimundo Fitero
Divulgación

Sin emprender caminos aventureros ni consagrarse a una idea regeneracionista, sentado en tu casa, con el mando en ristre, puedes adquirir conocimientos en materias científicas, industriales, sociológicas, gastronómicas, genéticas, sexuales o medioambientales. Pero nada de orientación política. O, dicho de otro modo, poco o muy poco de nociones políticas aplicadas. Ni una idea que enganche, ni un proyecto de futuro, ni nada que no esté constreñido a los sistemas imperantes y los núcleos de reducción de cerebros democráticos que nos someten.

La divulgación cultural no es cultura, pero ayuda a visualizar las nociones culturales. No hay mucho. O lo que hay es muy colateral, casi accidental. La divulgación científica no es ciencia, pero ayuda a familiarizar a los legos con algunas ideas que están cambiando la noción misma de la existencia y de las relaciones interpersonales. Estamos conviviendo con robots de perfil bajo. El dinero en efectivo está desapareciendo. En Araba dos pueblos están experimentado la vida sin billetes ni monedas. Esto es ciencia aplicada. Esto sucede hoy y se va a implementar en breve para todos. No estamos en una ficción.

En las plataformas de pago uno puede pasarse la vida viendo montajes de ópera maravillosos, viajes en trenes inverosímiles, conocer cómo funcionan maquinarias gigantescas. Es más, hasta en las generalistas en abierto, hay lugares donde aprender cosas básicas. En un programa de tarde nos contaron la huella energética que dejan nuestras pantallas fundamentales y se nos confirma que cada vez que buscamos algo en un buscador, se movilizan tantos aparatos a lo largo del mundo, que se consume una enorme cantidad de energía para crear la electricidad necesaria para lograr la temperatura adecuada para que funcionen los millones de servidores necesarios.