18/05/2018

El aprendizaje en medio de la conflictividad
Mikel INSAUSTI
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Después de tres realizaciones que no estaban a la altura de sus brillantes comienzos con “Recursos humanos” (1999) y “El empleo del tiempo” (2001), Laurent Cantet y su coguionista Robin Campillo prefieren volver a pisar el terreno seguro de su consagración conjunta con “La Clase” (2008), película ganadora de la Palma de Oro en Cannes. La diferencia es que en “L’atelier” no hay aulas para que la juventud marginal se redima en ellas, porque los chicos y chicas de este taller literario de verano trabajan al aire libre, sin poder evitar que el aprendizaje se convierta en un campo minado en medio de la conflictividad social que se viste de futuro incierto y amenazador. La vieja política con sus ideales ya no sirve, pero quien saca más partido del descontento juvenil es la extrema derecha, empeñada en sembrar el desconcierto y la duda entre la población nativa y la inmigrante.

El contexto cultural e ideológico que sirve de fondo a “L’atelier” es el del cine marsellés de Robert Guédiguian, con La Ciotat como escenario del pasado de una clase obrera agrupada en torno a los astilleros que dejaron de funcionar y han sido reconvertidos en puertos deportivos para el turismo. Frente a los alumnos y alumnas que quieren partir de la memoria histórica para crear una ficción colectiva, respondiendo a la propuesta de la profesora que les anima a desarrollar una novela negra o un thriller criminal, surge el elemento díscolo que se inclina por un presente violento que resulta racista a los ojos de sus compañeros de procedencia africana. El tal Antoine es personificado por Matthieu Lucci muy provocativamente, sin que falte la tensión sexual hacia la docente que encarna Marina Foïs. Esto hace que la convivencia grupal se resienta, y que surja una extraña atracción por lo discordante y fuera de la corrección política, abriendo un acalorado debate interno.